Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

La Fiscalía inició proceso de extinción de dominio sobre los bienes de los que se incautaron las autoridades cuando fue dado de baja el delincuente Alfonso Cano, que correspondían a grandes sumas de dinero en efectivo.

Hace muy poco el bandido Iván Márquez, posaba sobre una moto Harley Davidson dando muestras de buena vida y placeres. 

El viernes pasado el bandido alias Dionisio Rayo, fue capturado en una camioneta Hummer de alto valor económico. 

Cuenta la leyenda que Tirofijoposeía más de 50 fincas en el llano extenso de Colombia. El Monojojoy, como está documentado, poseía más de 130 fincas en las tierras fértiles del Caguán y del Meta, y las Farc en su conjunto, como grupo narcoterrorista han despojado más de 3 millones de hectáreas, desalojando campesinos y ampliando las fronteras de sus cultivos ilícitos de coca, negocio manejado por unos pocos como Jhon 40, que siempre demostró amor por el hedonismo y el derroche. 

Los placeres de las riquezas dentro de las Farc, los disfrutan un grupo élite alojado en terrenos transfronterizos, sacándole el cuerpo a las dificultades del conflicto, problemas que prefieren, por su alta complejidad, sean asumidos por el grueso de guerrilleros rasos y ciegos por la ignorancia en que los sume la ideología fariana, y sumisos al terror de una disciplina que desborda el concepto de lo infrahumano. 

Este panorama real, reafirma lo que algún colombiano con cierta sabiduría manifestó “guerrillero deje de comer ..., mientras sus jefes tienen vida sibarítica en la Habana”; rebélense y reinsértense a la vida civil. Razón tenía el guerrillero que se entregó a las tropas del ejército y luego manifestó que lo hacía porque esa agrupación ya se comportaba como una organización mafiosa, por los lujos, los placeres y los derroches de los cabecillas. 

Lo anterior, demuestra que las Farc, hace mucho tiempo perdieron su ideología y que se han venido comportando como delincuentes comunes, con organización y objetivos netamente de enriquecimiento ilícito.

Édgar Bejarano. Bogotá.

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