Opinión |30 Mar 2013 - 11:00 pm

Fernando Araújo Vélez

El caminante

La casa de las locas

Por: Fernando Araújo Vélez

Ellos la llamaban la casa de las locas, y solían contar historias de duendes y brujas y sangre cuando sus compañeros los interrogaban en la escuela.

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Decían que eran sus tías, pero que nunca las habían visto bien. Que una hablaba sola y la otra coleccionaba pajaritos. Que en las noches se oían ruidos extraños. Que jamás salían más allá de una terraza en la que conversaban, todos los días a las seis de la tarde, y que sus padres les habían construido la casa, la casa de las locas, en el patio de su propia casona, 20 o 25 años atrás. Y todo era cierto en parte. Y todo era leyenda, también.

La historia real se la tragó el tiempo. Las voces y los recuerdos se diluyeron entre la indiferencia. Ellos, los niños que crecieron bajo su sombra, se encargaron de diseminar distintas versiones. Decían que una, de nombre Ketty, había trabajado en un circo, y que a la otra, Jacqueline, la habían abandonado a su suerte después de un ataque de locura, pero también aseguraban que el amor las había desquiciado a las dos, el amor de los hombres; que habían llegado en un barco desde Irlanda y que la madre se había lanzado en alta mar, dejando como único recuerdo su argolla de matrimonio.

Decían y juraban que eran hermanas, aunque ninguno supiera el nombre ni la procedencia exacta de sus padres. “Eran hermanas, porque las dos eran flacas y largas y tenían narices inmensas”, explicaban, circunspectos. Cuando crecieron, ya de adolescentes, empezaron a sembrar sus historias de terror. A quien preguntaba, le decían que de un año a la fecha, nadie había vuelto a aproximarse a la casa de las locas, pues dos mujeres que lo habían intentado habían desaparecido.

Con los años, muy entrado el Siglo XX, casi a finales, en Cartagena se esparció el rumor de que aquellas dos señoras eran de apellido Kennedy, pues cuando derruyeron la casona que albergaba su casa para construir un edificio, una vieja cocinera de la familia había encontrado un daguerrotipo con la imagen de dos mujeres y la palabra Kennedy escrita en el reverso, pero para entonces, ya ni las dos mujeres ni la casa de las locas ni los niños existían.

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