Por: Aura Lucía Mera

Barrio bajeros

Criticamos la intolerancia del que nos pita cuando nos demoramos un segundo en arrancar con el semáforo en verde.

Mentamos la madre cuando una moto nos cierra, llamamos a los gritos al portero del edificio cuando la música en el salón comunal suena cinco minutos más de lo permitido. Y así podríamos continuar. Son emociones diarias de nosotros, los que hemos nacido en este paraíso tropical que no nos merecemos
La violencia, la sangre, las fosas comunes, las puñaladas, las balas perdidas forman parte de nuestra agenda diaria.

En Cali, no sé si en otras ciudades, solemos llamar “barrio bajeros” a los insultos soeces. Se supone que vienen de jóvenes o adultos que han vivido el maltrato, la falta de oportunidades, el resentimiento, las violaciones de todos sus derechos.

Lo que no se concibe es el comportamiento de expresidentes de la República. Se supone que los expresidentes deben guardar silencio y marginarse con dignidad. Pero no. Aquí en Colombia, ni el expresidente Pastrana ni el demente del expresidente Uribe van a tolerar que se logre firmar el acuerdo de paz. Les importa un comino, por no decir otra palabra, que el país se siga desangrando. No pueden concebir que lo que ellos no lograron, lo logre otro. Sus egos se verían aplastados y su humillación jamás los dejaría vivir en paz.

La verdad es que sin los intentos extremos del expresidente Pastrana, Uribe no hubiera podido hacer nada. Cosa que le hubiera convenido al país, pues no tendríamos actualmente ni bacrim ni Rastrojos ni Urabeños ni tanto degenerado sediento de sangre haciendo de las suyas. Los intentos de Pastrana los botó a la basura Uribe. Un paisa guerrerista, esquizoide y dado al matoneo verbal, mental y físico.

Del vocabulario y el rencor de Uribe hacia el presidente actual no me extraña nada. Me extraña, sí, del expresidente Pastrana, quien gobernó con un gabinete de lujo, destapó la olla podrida de Samper, tuvo las agallas de rechazar la embajada en Washington y se empleó a fondo fortaleciendo un ejército disperso, débil y anárquico. Se confió. Cometió errores. Pero inició un verdadero primer paso hacia el diálogo, desenmascarando a la narcoguerrilla ante el mundo entero. Por eso no entiendo cómo ha optado por rebajarse al nivel de Uribe en estos ataques e insultos al gobierno actual.

Vergonzoso que nuestros ‘ex’ se conviertan en gamines mentales, en barriobajeros rasos. Debería existir una ley que impida bajo pena de arresto carcelario a todo expresidente inmiscuirse en asuntos que no le competen. Colombia merece respeto. Todos los ciudadanos lo exigimos.

Hasta el genocida de Bush se quedó callado cuando dejó su Casa Blanca. Ahora saca a pasear a los perros y sigue tan campante con su mirada estrábica, sin percatarse de los miles de muertos que dejó regados. Blair no dice ni pío a Cameron. Pero aquí, ni Gaviria ni Samper, ni Pastrana, ni Uribe pueden resignarse al retiro digno o indigno. Por favor, dejen de querer joderse más en este país. Ya tuvimos bastante con la cuota que nos dejaron. Aprendan de Belisario, que por tener la boca cerrada, hasta se le olvidó pedir perdón a las víctimas del Palacio de Justicia. O aprendan a respetar.

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