Por: Paloma Valencia Laserna

La pelea de los expresidentes

Muchos analistas han señalado como nocivo e inconveniente que los expresidentes opinen sobre la política y critiquen al presidente Santos. Por el contrario, considero, que al hacerlo cumplen con su función.

Haber sido elegido como presidente es un gran honor, pero conlleva responsabilidades. Mal harían los mandatarios en dejar de mostrar un interés por las realidades del país; más aún cuando los países entran en épocas difíciles donde las decisiones del mandatario de turno pueden afectar de manera definitiva el futuro de la nación.

En el caso de un país como Colombia, donde los partidos son simples estructuras para dar avales, los expresidentes tienen todavía más cargas. Este Gobierno ha sido exitoso en darles mermelada a los parlamentarios de manera que cada vez son menos las voces disonantes; los expresidentes, entonces, tienen la obligación de levantar la voz a nombre de todos los colombianos que alguna vez confiaron en ellos.

Uribe representa un número muy significativo de ciudadanos que tenemos reparos ante este impredecible proceso de negociación con las Farc. Está en manos de un mandatario que miente sin pudor y que no conserva los límites propios de la coherencia. Un proceso que promete la paz, cuando es evidente que no la conseguirá; que se hace de espaldas al país, con el aval de un mandatario elegido por doctrina contraria; que amenaza los principios de justicia; que no piensa en el largo plazo, y que premia el crimen. El uribismo ganó las elecciones, pero no tiene representación política; por eso el expresidente Uribe está obligado a asumir el debate. Es su deber. No hacerlo sería una terrible falta para quienes confiamos en él. Sus críticas son serias y argumentadas, y representan el sentir de muchos.

Por su parte, Pastrana, como el mandatario que recibió el mandato por la paz, tiene la entidad moral y política para referirse a los problemas de una negociación que él ya realizó. La generosidad con la que el gobierno Pastrana asumió la causa de la paz dio lugar a demostrar —sin lugar a dudas ni discusión— que las Farc son quienes no tienen voluntad de paz. Con ese proceso en el que país dio todo, debió quedar cerrado cualquier intento de negociación generosa. Lo contrario, lo que hace este gobierno, es mostrarles a las Farc que cada gobierno es como un nuevo supermercado, donde se cotizan los beneficios y sólo se tranza con el que más dé. Esta es otra forma de perpetuar la violencia.

Las críticas de Pastrana al proceso de La Habana mostraron que este es un gobierno que detesta la crítica; la tilda de amenaza, de extrema derecha y de guerrerista. Tratan de cubrir a Pastrana con los mismos rótulos descalificativos con los que desprecian a Uribe. Lo cierto es que la coincidencia en la crítica muestra que hay asuntos de fondo; desde aproximaciones muy distintas.

Se molestan algunos porque Pastrana fue duro en sus calificativos con los escuderos presidenciales. Dejando de lado lo apropiado que me parecen, el expresidente está en todo su derecho en no debatir con quienes no tienen la entidad para referirse a él. Con su actitud el exmandatario conservador los puso en su lugar y evitó que esos personajes se ensañen contra él como lo hacen contra Uribe. Las figuras presidenciales merecen respeto; son símbolos nacionales y los debates requieren altura moral y argumentativa —que los escuderos santistas no tienen—.

Buscar columnista