Por: Luis Carlos Vélez

Tercer tiempo

Escribo estas líneas un día antes de las elecciones en Caracas, ya que durante la jornada electoral poco será el tiempo para reflexionar frente a la pantalla del computador.

Sin embargo, sea cual sea el resultado, este gobierno, como el pontificado de un cardenal de edad avanzada, muy probablemente será de transición. Venezuela votó en medio de una gran tensión. En diez días de acción política Henrique Capriles y Nicolás Maduro intercambiaron insultos, acusaciones y burlas, pero poco hablaron de sus planes para construir nación. Acá lo único que importó fue la manera en que se abordó la muerte de Chávez y paradójicamente, quien, a su manera pueda continuar su legado.

Henrique Capriles, el candidato de la oposición, fue muy cauto en manejar el discurso contra Chávez. Él nos dijo en una entrevista para Noticias Caracol que lo que más admiraba de “El Comandante” era su plan social y carisma. Dijo que una de sus primeras medidas sería la de aumentar el salario mínimo de los trabajadores en un 40%, porque la chequera petrolera, una vez se quitara de encima los compromisos con el exterior, se lo permitiría.

Pero la realidad es que el próximo presidente de este país, sea quien sea, tendrá que lidiar con la Venezuela más pobre, más desajustada y más distorsionada de la historia. 14 años de gobierno de Chávez hicieron que esta nación tenga una de las inflaciones más altas del hemisferio y Caracas sea una de las ciudades más inseguras del planeta, con una tasa de asesinatos superior a los 16.000 homicidios al año. Las cifras macro también son desalentadoras. La producción petrolera retrocedió de más de 3 millones de barriles en 2001 a cerca de 2 millones de barriles en 2012, la devaluación es rampante, y mientras que en el mercado oficial un dólar vale seis bolívares en el llamado mercado paralelo, la divisa verde se tranza por veinte “bolos”.

Durante estos años el llamado Socialismo del Siglo XXI repartió millones de dólares y barriles de petróleo a sus socios internacionales para ganar influencia en la región, mantuvo un precio de la gasolina mínimo que llenó las calles de motos y autos viejos sobre autopistas sin refacción, destruyó los incentivos de crear industria por corrupción, expropió industrias, ahuyentó a inversionistas internacionales, aplastó la prensa independiente y creó un ambiente de resentimiento social sin paralelo en el continente. Un modelo que está a punto de colapsar.

A la vuelta de la esquina los platos rotos de estos años populistas, que aunque también arrojaron mejoras en las cifras de desempleo e igualdad, aparecerán. Lo más probable es que el nuevo presidente enfrente una insatisfacción en plena administración que, teniendo en cuenta que este es el país de las movilizaciones y las protestas, lo vea obligado a refrendar su permanencia en el poder y ahí empezará un tercer tiempo electoral, teniendo en cuenta que el primero fue en octubre, cuando ganó Chávez, y el segundo se inicia ahora.

* Luis Carlos Vélez, Director de Noticias Caracol

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