Por: Cartas de los lectores

Fallos y derecho

Referente a su editorial de ayer, es menester aclarar que Viviane Morales no fue destituida; el Consejo de Estado declaró nula su elección, asunto diferente.

En segundo lugar, es un grave error del Consejo de Estado señalar como período personal, y no institucional, el del fiscal general. 

El artículo 249 de la Constitución consagra lo siguiente: “El fiscal general de la Nación será elegido para un período de cuatro años... y no podrá ser reelegido”; el parágrafo 1 del artículo 125 preceptúa que: “Los períodos establecidos en la Constitución Política o en la ley para cargos de elección tienen el carácter de institucionales. Quienes sean designados o elegidos para ocupar tales cargos, en reemplazo por falta absoluta de su titular, lo harán por el resto del período para el cual éste fue elegido”.  En ninguna parte se indica que el período es personal, y cuando la norma es clara, no le es permitido al intérprete realizar interpretaciones. Baste con señalar que ya existía un concepto de la Sala de Consulta y Servicio Civil y le manifestó al presidente de la República que el doctor Montealegre cumple su período institucional en julio de 2013, por lo cual no es entendible la postura final asumida por la Sala Plena.

Grave pensar que ahora los fallos no dependen en derecho, sino del magistrado que les corresponda resolverlos, v.gr., el alcalde de Floridablanca. ¡No hay derecho!
 
Rubén Darío Bravo Rondón.

Yo digo no

Me refiero a su editorial del 17 de abril (“Decimos sí”), donde apoya el matrimonio unisexo y su adopción de menores.

Estoy de acuerdo con que el Congreso legisle de manera que las parejas del mismo sexo puedan heredarse patrimonios y pensiones y todo ese tipo de cosas. Lo que rechazaría sería la posibilidad de la adopción de menores por parte de esas parejas. Hay corrientes de opinión que pretenden sacrificar a los niños en el altar de una mal entendida modernidad. Usted está hablando en su escrito de grandes derechos. ¿No le parece importante éste de los menores?

Ser un menor adoptado por una pareja del mismo sexo es una situación que requiere de parte del niño un proceso enorme de adaptación; es una batalla para un adulto, no para un niño. Sé que se menciona que hay estudios que concluyen que a los menores adoptados por esas parejas no les ha pasado nada malo, pero aclaran que son estudios hechos en países superdesarrollados, donde dizque esos niños no sienten vergüenza de decir “mis papás son una pareja del mismo sexo”. Entonces habría que esperar a que seamos un país superdesarrollado donde los niños digan eso con orgullo. Mientras tanto, resulta injusto con ellos ponerlos a asumir la carga del experimento.

Toribio Araújo S. Cartagena

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