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Ramiro Bejarano Guzmán 20 Abr 2013 - 11:00 pm

Notas de Buhardilla

La clientela de Dios

Ramiro Bejarano Guzmán

Cómo puede afirmarse que este es un país laico, si acabamos de asistir a las elecciones en el departamento del Huila, en las que la Iglesia católica renunció a ser una congregación religiosa para convertirse en un directorio político.

Por: Ramiro Bejarano Guzmán
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La historia es sencillamente aberrante y preocupante. Una coalición de partidos políticos regionales avaló el nombre del abogado liberal Carlos Mauricio Iriarte a la Gobernación. Pero el aspirante además resultó ser cristiano. ¡Y quién dijo miedo! La godarria del sur del Huila, liderada por un obispo fanático, Fabio Duque, decidió oponerse a Iriarte, para lo cual los púlpitos de Pitalito, Oporapa, Isnos, Timaná y Elías, entre otros municipios, se volvieron tribunas de la clientela que por cuenta de la intolerancia religiosa apoyó la opción del voto en blanco.

Al final resultó victorioso Iriarte con 120.000 votos, pero el voto en blanco obtuvo por primera vez 70.000 sufragios en aire de camándula, cuando en el pasado apenas había alcanzado 17.000. En efecto, ese voto en blanco no fue producto de un ejercicio democrático de protesta y de sanción política, sino de una expresión sectaria de la Iglesia católica regional que invitó a su feligresía a no votar por Iriarte, porque supuestamente su condición de cristiano no le daba garantías en caso de ser elegido.

Me resisto a creer que al ministro del Interior y a la canciller no les importe que un culto religioso un buen día se embarque en una campaña política para cerrarle el paso a quien profesa credo diferente. ¿No hay, acaso, un tratado o concordato celebrado entre Colombia y la Santa Sede, en el que las potestades eclesiástica y civil se definieron mutuamente respetuosas de sus jurisdicciones?

Qué tal, por ejemplo, que el Gobierno se empeñara en una cruzada pública para impedir que un obispo nombrara como párroco a quien no sea de sus preferencias. Si eso pasara, desde el cardenal Salazar para abajo, saldrían a reclamar respeto a los fueros de la Iglesia. Pero como fue al revés, no tenemos un ministro que sea capaz de recordarles a esos abusadores de los altares, que no pueden meter sus narices en la política. No hay nadie en el Gobierno que se atreva a notificarles a esos sacerdotes incendiarios que su función es cautivar almas y no votos, porque a quien incurra en esa audacia le caerá la mano cargada de ese otro fundamentalista católico del procurador Ordóñez. Menos esperanza hay de que el liberalismo enfrente un tema en el que debería haber tomado la delantera. La dirigencia liberal “comulga” con los atropellos santificados.

No hay duda, los intolerantes que en el pasado generaron violencia en nombre de Dios, lo están logrando todo. Restablecieron la educación religiosa obligatoria en los colegios públicos, enterraron el proyecto de matrimonio gay, están por prohibir el aborto, y al paso que vamos, van a volver obligatoria su fe. Esta vez el ultraje en ambiente de sacristía fue en el Huila, mañana puede ser a nivel nacional, como en los días del odio de los años cincuenta.

Adenda. Aunque el coronel Julio Londoño intentó desmentir lo que aquí afirmé sobre la hipótesis del “efecto medio” que él coprotagonizó en forma irresponsable, por el contrario, confirmó lo que denuncié. En efecto, Londoño terminó reconociendo que quien embarcó a los consejeros del Gobierno en la aventura del “efecto medio”, entre los cuales estaba él, fue el asesor Crawford, por cuenta de una necia pelea personal y académica. Sorprende que el excanciller se incomode con mi columna, pero hoy no recuerde el proyecto de mapa informal que entonces circuló, el cual fue la antesala de la tragedia de La Haya. Él sabe que no miento. Por algo el presidente Santos en la última sesión de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores confrontó a Londoño para que explicara por qué había aceptado referirse al “efecto medio” sin consultar con la Cancillería. Pero sobre eso el acaramelado diplomático además de que se hizo el de la vista gorda, sigue creyendo que lo que pasó en La Haya es motivo de orgullo para el desastroso equipo de asesores de Colombia.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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