Por: Armando Montenegro

Familia demasiado unida: ¿buena o mala?

Numerosos autores han señalado que la prevalencia de lazos familiares demasiado estrechos es dañina para el crecimiento económico y el progreso.

Las cifras muestran que existe una relación directa entre la fortaleza de los lazos familiares en una sociedad y su bajo nivel de ingreso per cápita y la reducida calidad de sus instituciones. Los ejemplos más conocidos surgen de la comparación entre los países del norte y los del sur de Europa; entre las regiones del norte y las del sur de Italia; entre los países anglosajones, en un extremo, y los árabes, en el otro (y, probablemente, entre algunas zonas de la costa Caribe y la región antioqueña).

Son numerosos los canales de transmisión de los estrechos lazos familiares al bajo desarrollo social y económico. La militante pertenencia a una familia desincentiva la movilidad física y la asunción de riesgos de sus miembros, algo dañino para la innovación y el progreso (predominan la obediencia y cierto conservatismo en materia de cambio social). Si las personas no ven más allá de su familia, no entienden ni colaboran en los asuntos de su comunidad y su participación política es escasa. Cuando la gente confía y tiene lealtad sólo con los miembros de la familia, desconfía de todos los demás. Otra de las víctimas de estas familias, que usualmente reúnen bajo un mismo techo a padres e hijos adultos, es la mujer, quien debe asumir los pesados roles de manejo del hogar, con el sacrificio de su educación y su participación en el mercado laboral.

Aunque Colombia, al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, se incluye entre aquellos que tienen lazos familiares relativamente fuertes, no hay duda de que la familia es una institución que ha venido debilitándose en forma acelerada en los últimos años. Ha subido el porcentaje de parejas que no se casan, los divorcios afectan a un número cada vez mayor de los matrimonios y los hogares encabezados por mujeres solas crecen todos los días.

La declinación de la familia tiene implicaciones inmediatas sobre las instituciones de seguridad social. En Dinamarca y Noruega, donde los lazos familiares son tenues, el Estado ha creado una serie de poderosas instituciones para hacer en forma masiva lo que antes se hacía al interior de los hogares, entre otras cosas, la atención infantil y el cuidado de ancianos y enfermos. Es dentro de esta óptica que debe enmarcarse el debate sobre las instituciones de seguridad social en salud y pensiones que viene dándose en Colombia desde hace 20 años. Asimismo, la reforma del ICBF y de la atención a la primera infancia, una discusión que apenas comienza, debe tener en cuenta que, cada vez menos, la familia colombiana cuida a los niños, sobre todo a los más pobres, en sus primeros años de vida.

Si bien los estudios muestran los daños causados por la preponderancia de familias con lazos demasiado estrechos entre sus miembros, éstos también señalan que los habitantes de sociedades con este tipo de familias son más felices (ésta es una de las explicaciones de la sorprendente felicidad de los colombianos). Este sentimiento, al parecer, se origina en los numerosos servicios de cuidado, apoyo y protección social y económica que se dan al interior de las familias extendidas (sobre estos temas, ver Alesina y Giuliano, Family Ties, www.nber.org/papers/w18966).

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