Publicidad
Eduardo Barajas Sandoval 22 Abr 2013 - 11:00 pm

Empresario & presidente

Eduardo Barajas Sandoval

La condición de empresario y presidente vuelve a plantear un reto al avance de la democracia en América Latina, porque el poder político en manos de quien detenta ya una alta cuota de poder económico, puede borrar fronteras que deberían ser nítidas a favor del bien colectivo.

Por: Eduardo Barajas Sandoval
  • 2Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/columna-417702-empresario-presidente
    http://tinyurl.com/bucquv3
  • 0

El péndulo, que en Venezuela no alcanzó a hacer todo su curso hacia la derecha, sí lo logró en el Paraguay con la llegada de un magnate tradicional a la jefatura del estado. Todavía no se ha probado que un buen gerente de negocios particulares sea la mejor de las escogencias para manejar los asuntos públicos.

Los paraguayos, con una mayoría incuestionable, decidieron volver al pasado y poner en la presidencia a un representante indiscutible de la clase empresarial y política que gobernó el país por más de sesenta años consecutivos, incluyendo los treinta y cinco de la dictadura de Alfredo Stroessner. Así cierran el capítulo del experimento que significó en 2008 la elección del obispo Fernando Lugo, cuyo gobierno resultó manchado por su ineptitud política y su conducta personal, hasta ser removido en circunstancias cuestionables.

Los países mayoritariamente conservadores, como es el caso del Paraguay, a la vez desiguales y temerosos de cambios, terminan fácilmente por volver a lo que ya conocen, porque le temen a transformaciones radicales que los saquen de la tibieza de un orden tradicional sin avatares. De ahí que la responsabilidad de quien llegue a tener el chance de cambiarlos es todavía mayor. Algo que Fernando Lugo no estuvo en capacidad de hacer, no solo por sus condiciones personales, sino por esa falta de experiencia política y administrativa, de lo público, que es una de las peores talanqueras para el cambio exitoso en todo el continente; que tiene que soportar los experimentos de actores políticos muy buenos para hacer oposición y particularmente ineptos a la hora de gobernar.

El desprestigio de la izquierda, por su inhabilidad y su falta de experiencia política, salvo tal vez en Chile y Brasil, se convierte en un obstáculo para el desarrollo de procesos que permitan una alternación sana en el ejercicio del poder, bajo el esquema de gobierno y oposición. Así, las naciones tienen que soportar los extremos de gobiernos eficientes que favorecen los intereses de las clases dominantes de siempre y de gobiernos experimentales de novatos en el arte de gobernar, que de tumbo en tumbo tratan de manejar una maquinaria estatal hecha a la medida de otros.

Horacio Cartes llega a la presidencia en su primera salida como político, luego de toda una vida dedicada al ejercicio empresarial, conforme a su tradición de familia, sin que sea fácil ocultar las acusaciones de ilegalidades graves en el ejercicio de sus actividades. Y son esas condiciones, en el seno de un país desigual, las que pueden significar el aplazamiento de transformaciones necesarias para democratizar la sociedad paraguaya mediante el mejor reparto de la riqueza. Porque mal se puede esperar que un magnate resuelva de un momento a otro cambiar su carta de navegación e irse en contravía de los intereses de su clase para desprenderse, y hacer que sus émulos se desprendan de los privilegios que han sido la fuente de su éxito. Aunque no hay que olvidar que, de cuando en cuando, son personajes de ese origen, excepcionales eso sí, los que pueden impulsar transformaciones importantes en el seno de la sociedad.

El mapa político de América Latina vuelve a cambiar. Sin el liderazgo, para muchos nada más que vociferante, de Hugo Chávez, cuyo verdadero éxito al interior de la sociedad venezolana es todavía una incógnita, la tendencia hacia la izquierda parecería perder impulso. Tal vez las elecciones chilenas vengan a aclarar la tendencia, justamente porque allí avanza otro experimento de presidente empresario, elegido de pronto con la idea de que un exitoso hombre de negocios puede ser un buen administrador de los asuntos públicos, como si se fuese a despojar súbitamente de su instinto original.

  • 2
  • Enviar
  • Imprimir
Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio