Por: Julio Carrizosa Umaña

Ciudades nuevas para los jóvenes

Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla están llegando a los límites de su sostenibilidad en lo ecológico y en lo social.

Entre los 1.118 municipios colombianos podría haber algunos que empezaran a equilibrar, en nuestro sistema de ciudades, estas urbes que destruyen sus propios ecosistemas; ciudades agobiadas por millones de víctimas que, hay que reconocerlo, han protegido, pero siguen traumatizadas por décadas de corrupción y violencia; ciudades, al parecer, incapaces de integrar las clases sociales. Necesitamos diseñar y construir nuevas urbes para que la juventud no siga contaminándose de grupos urbanos anquilosados y excluyentes que se fortalecen después de 65 años de guerra y 40 de narcotráfico.

Se trata, claro está, de una utopía. Lo más probable es que las cuatro urbes, testigos y un poco cómplices de todas las desgracias que nos han sucedido, continúen siendo el cuadrángulo de oro de nuestra nación, que sea imposible evitar la urbanización de los ecosistemas que las rodean, que concentren cada día más poder y dinero, que las juventudes de todo el país se vean obligadas a continuar viviendo en ellas o a tratar de emigrar hacia sus mejores barrios buscando empleo y prestigio.

Las políticas urbanas de los últimos años han tratado de mejorar las cuatro ciudades; han buscado en sus orígenes, en lo mejor de sus historias, algunas bondades que también las caracterizan: la pujanza de todas, la innovación de algunas, la ilustración de sus universidades, la eficiencia de sus servicios públicos, la alegría que dos o tres han generado, inclusive la cortesía que caracteriza a Bogotá. Pienso que esas políticas podrían ser más exitosas si se diseñaran y construyeran ciudades nuevas que constituyeran verdaderas alternativas para los jóvenes, que disminuyeran la presión que recibe continuamente el cuadrángulo, que nos mostraran a los viejos que sí es posible diseñar y organizar espacios urbanos que sean modelos de sostenibilidad ecológica, de integración social y de competitividad económica.

Creo que no es imposible lograrlo, otros países con menores diversidades geográficas lo han hecho y lo están haciendo. Tenemos la ventaja de haber ya creado más de mil espacios urbanos; muy probablemente entre ellos habrá sitios que tengan miles de hectáreas planas que no sean fértiles y sean poco inundables, que tengan acceso a aguas menos contaminadas y más constantes, que tengan tradiciones sociales incluyentes y que estén situados cerca de los mercados internacionales. Si el Ministerio del Ambiente y de Desarrollo Sostenible y el Departamento Nacional de Planeación unieran sus fuerzas, podrían estudiar estas variaciones en políticas que actualmente parecen estar estrellándose contra estructuras y opiniones demasiado poderosas.

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