Por: J. William Pearl

¿Ganador?

Está que arde Venezuela. La mitad de los ciudadanos dice que ganó Capriles y la otra mitad defiende la victoria del ahora presidente Maduro.

Las recientes elecciones lograron dividir el país en dos. Aun cuando no es claro cuáles fueron los resultados reales en las urnas, políticamente el gran ganador fue Henrique Capriles. Maduro, va cuesta abajo y ahora lo espera el problema de verdad: una elección ilegítima en un país en crisis con la mitad de sus ciudadanos sintiendo que les robaron las elecciones y una oportunidad de cambio.

Capriles ganó porque en el ambiente nacional e internacional, la elección de Maduro quedó con un tufillo de ilegitimidad que raya en la ilegalidad. Además, a quienes apoyan el proyecto de Capriles les sirve que no asuma la presidencia ahora, pues se le hubiera reventado el país en la cara, como le va a suceder a Maduro. Eso hubiera significado sepultar el proyecto opositor, que hoy está más vivo y sólido que nunca.

El margen de maniobra de Capriles, con una asamblea y la mitad de los electores en contra y en una economía tan desbarajustada, hubiera sido mínimo. Ello le hubiera impedido impulsar las reformas necesarias. Capriles hubiera sido un presidente con las manos amarradas en lo político.
La situación económica es insostenible por el modelo en sí mismo y falta de claridad en su implementación.
Esta semana Morgan Stanley publicó un reporte devastador sobre la economía venezolana, la crisis del modelo Chavista y el futuro de ese sistema.
El híbrido entre el impulso a la economía de estado, el castigo a la gran empresa privada y algunos intentos poco claros de promover la iniciativa empresarial individual de pequeña escala, han destruido valor para todos los venezolanos.
Los déficits son crecientes e insostenibles, la vaca lechera, PDVSA, debe más de un año de producción petrolera mientras la gasolina cuesta menos proporcionalmente que la Coca Cola. Las imágenes que se ven en los noticieros muestran los supermercados vacíos, pero Venezuela le regala dinero a Cuba, Argentina y Nicaragua entre otros.
A ese ritmo y con una inflación de 26%, no existe en el mundo economía que aguante.

Capriles ganó porque tiene la opción de madurar su proyecto político capitalizando los errores del nuevo presidente. Maduro no es el mismo líder que fue Hugo Chávez y él lo sabe pero no puede hacer nada. Una cosa es estar en campaña y otra muy distinta gobernar. Ya pasaron las elecciones y lamentablemente Maduro nunca demostró tener carisma, sigue cabalgando bajo la muerte de Chávez, quien con el paso del tiempo cada día será más olvidado. Desde la misma noche de las elecciones hay muestras de fisuras serias en el Chavismo. En lugar de intentar unir el país, Maduro continúa con un discurso divisorio sin calcular que no tiene la capacidad de contener ni a Chavistas ni a opositores. Ese discurso agresivo y divisionista lo hace depender más del ala militar del Chavismo, controlada por sus adversarios.
A Maduro se le abona la capacidad de aglutinar apoyos en la región, en medio de una crisis de ilegitimidad, aislando a los Estados Unidos y a la OEA. Falta ver cómo evolucionarán esos apoyos cuando estalle la crisis económica, social y política en los próximos meses.

Venezuela se volvió a despertar y esta vez los votantes se sienten de nuevo engañados. Siendo un país tan rico, no debería faltarles nada, pero Chávez quiso exportar su modelo político y económico sin darle sostenibilidad. Entonces fracasó, en parte, porque pretendió expandirse a otros países sin solucionar los problemas internos de Venezuela. Chávez fue generoso con sus aliados pero olvidó a muchos en su país. Son éstos quienes tienen hoy a Maduro en la cuerda floja.
El petróleo como casi todo, se agota. Venezuela, en lugar de prepararse para lo que sigue, se estancó en el pasado. Con la misma visión Chavista, le será muy difícil transitar hacia la modernidad del siglo XXI.

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