Por: Mario Morales

Serenidad y sinceridad

Sí. Lo que hace falta es serenidad, como lo dijo Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno en La Habana.

Por cuenta del desespero, que no falta de carácter como dice (imagínense) Pachito, ni estrategia política como trataron de descifrar en vano los exégetas de la política nacional, el país se enteró, con la patraseada de alargue del período presidencial, que al Gobierno no le cuadran las cuentas, que perdió el timing de las conversaciones y que el futuro del proceso está en la cancha de la guerrilla.

No es casual que el énfasis de las declaraciones del presidente y De la Calle esté puesto en términos de “premura”, “agilidad” y “aceleración de tiempos” frente al ralentí de la guerrilla que, como ha sucedido históricamente, ha puesto al Gobierno contra las cuerdas. Es innegable ventaja apurarle a cambio de ganar terreno en otros ámbitos.

Es entonces cuando uno entiende el círculo vicioso en el que se encuentra Santos y hasta sus “salidas en falso”, como las llamó El Tiempo. Necesita que la opinión pública, el Congreso y los partidos le ayuden a idear una fórmula que no lo deje a expensas de la parsimonia de la insurgencia. Y en simultánea necesita de la guerrilla una señal (esa que pidió ayer De la Calle) para no quedar en manos de la oposición furibista, que sigue cañando con poner de cabeza de lista a Uribe para el Congreso, por si hay que refrendar eventuales acuerdos.

Y con esa presión Santos, el jugador, no funciona bien. Remember su desconcierto como candidato en medio de la favorabilidad de la ola verde. Él y su renovado equipo de asesores parecen principiantes jugando a ensayo y error. Sobre todo cuando niegan los vasos comunicantes entre la propuesta de permanecer más tiempo en el poder y lo que está pasando en Cuba.

Que se sincere y que se serene. Es fácil pedirlo en medio de su debilidad, la más grave en estos 32 meses. Del afán no queda sino el fracaso… y allá afuera aúllan los lobos.

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