Por: Mario Morales

No en vano

Es parte del precio que hay que pagar. Porque no faltará quien diga que la malhadada columna de un exministro de Estado (la de Fernando Londoño en El Colombiano hace siete años y que ha vuelto a circular en redes sociales) pidiendo “resucitar el elemental ideario de Carlos Castaño”, es parte del ejercicio de la libertad de prensa, con todo lo que ello implica.

Lo mismo reclaman quienes emplean su tiempo (libre o pagado, vaya uno a saber) en difundir, retuitear y ensalzar, toda la batería antisantista de artículos, vallas, foros, declaraciones y grafitis para hacer creer que son corriente de opinión.

Tal cual argumentan también algunos medios, jefes de prensa y “asesores” con la fotoexposición que le dio la vuelta al mundo con el pauperizado presidente Santos posando en paños menores.

Amén de otras tantas perversiones. Ni modo. Así es, así debe ser la libertad de prensa que volvemos a celebrar en todo el mundo este 3 de mayo, a sabiendas de que junto a la buena semilla crece la cizaña. Es preferible una prensa desbordada…

Pero ese humo no puede hacernos olvidar que la prensa que trabaja por la verdad sigue acorralada si para ejercerla hay que tener es coltas como les pasaba hasta 2012 a 94 periodistas, 37 de los cuales tenían medidas de seguridad, como lo documenta la Flip.

O si hay que desplazarse como le pasó a Yesid Toro, de Q´Hubo en Cali, luego de escribir un reportaje sobre sicariato. O Si hay que autocensurarse…

O si la impunidad corre su manto criminal como está punto de pasar con las acciones penales por el asesinato, a comienzos de los noventa, de los reporteros Nelson de la Rosa Toscaza de Cartagena, Manuel José Martínez de Popayán y Danilo Alfonso Baquero de Tame, Arauca.

Héroes que pagaron su precio por la libertad y para que el periodismo tenga seguridad, el tema central de la celebración este viernes en Costa Rica. Que no haya sido en vano.

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