Por: Antonio Casale

Hinchas 'europeos'

Es evidente la creciente afición por los equipos de fútbol europeos y el decreciente fanatismo por los clubes nacionales, sobre todo en las nuevas generaciones.

Decir que el nivel en Europa es superior al nuestro porque allá están los mejores jugadores del mundo es apenas obvio, pero hay que mirar más allá de lo aparentemente lógico. Ese no es el problema, pues en España, Inglaterra, Italia o Alemania, como en Colombia, se ven juegos emocionantes y bien disputados, pero también se ven partidos malos y aburridos.

La verdad es que varias cosas se están haciendo mal en estas tierras. Para empezar, es mucho mayor la cantidad de gente que tiene acceso a través de la tv por suscripción a las principales ligas del mundo que a la colombiana. Mientras en países como Argentina o Alemania el balompié volvió al modelo de televisión abierta a todo el público, en nuestro país sólo una pequeña porción de los aficionados, de estratos altos además, cuenta con este servicio. Es decir, a la gran mayoría de gente le presentan a la semana unos 30 partidos de todo el mundo, por uno solo de Colombia, el que transmite RCN.

A eso hay que sumarle la pobre producción de los juegos emitidos en televisión cerrada. A todas luces es inferior a la que nos presentan desde todo el mundo. La señal es sucia, las repeticiones se demoran, el plano general de la cancha es eterno, no hay ritmo visual. El fútbol de hoy es un espectáculo televisivo y para poder competir exitosamente con el resto de la oferta, el primer paso debe ser producirlo bien. Sin duda, la empresa a la que encargó la Dimayor esta tarea tiene grandes oportunidades de mejorar.

El estado de los escenarios tampoco ayuda. Ir a estadios como los de Ibagué, Neiva, Yopal, Tunja, Pasto, Envigado o Itagüí, lejos de ser una experiencia de entretenimiento, puede resultar un espanto.

Ya en la cancha, algunas de ellas en buenas condiciones tras el Mundial juvenil, encontramos jugadores jóvenes que no han sido bien fundamentados y veteranos que nos brindan los últimos destellos de su talento. En general, simulan faltas en exceso, los delanteros buscan más el penalti que el gol, los árbitros son engañados y en consecuencia se equivocan más de la cuenta. Todo lo anterior trae como consecuencia pérdidas de tiempo que terminan por hacer el juego lento, casi quieto. La mayoría de equipos salen a no perder en vez de ir a ganar. Además, el dinero de la televisión y del gran patrocinador empieza a escasear, las taquillas son pobres y, en consecuencia, son ya varios los equipos que nuevamente presentan atrasos en los pagos de salarios a sus jugadores, lo que hace que ellos no estén concentrados en su actividad.

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