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Lorenzo Madrigal 5 Mayo 2013 - 11:00 pm

Políticos en telenovela

Lorenzo Madrigal

De un tiempo para acá estamos viendo reiteradas telenovelas de contenido criminal, que, por cierto, intercambian actores, los que en una son policías y en la otra son matones.

Por: Lorenzo Madrigal
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La mujer es maltratada por igual en todas, objeto de sexo, víctima de la cobardía machista. Esto para no hablar del descrédito en que dejan a la Fuerza Pública. Temas que son reflejo de episodios reales, pero que exhibidos en pantalla no sé cuánto conducen a alimentar la subcultura del crimen, como si ya no tocáramos fondo en este asunto.

Son trágicas, aunque tienen su lado involuntariamente chistoso, fuera de libreto o de la intención de los guionistas. Los presidentes de las distintas épocas, por ejemplo, puestos en escena en despachos ficticios, hacen sonreír, por decir lo menos.

En Escobar, el presidente Barco era llamado Vargas. Lo figuró un actor algo mayor, con un mechón de pelo demasiado ajustado a la frente y en un escenario churrigueresco, que no sé de dónde lo sacaron. Hablaba sin trastabillar y se le representó favorablemente como el “viejo valiente” que acreditaron los gringos en su tiempo.

Los Tres caínes dejan a cualquiera horrorizado. Pero la parodia política tiene visos graciosos: el candidato Samper es Sander y Andrés Pastrana es simplemente Arango. El uno acepta dineros y el otro urde interceptaciones telefónicas. Personalidades de la vida real, que todavía no alcanzan a ser históricas, pintadas bajo acusaciones graves. Resultan divertidos los actores que las caracterizan. En cuanto al presidente Gaviria, es representado por uno de los hijos de Álvaro Ruiz, el hombre feliz, y tiene exitosos momentos de parecido en la voz, por cuenta de los gallitos que le salían y aún le salen al expresidente.

Así se modifiquen dos o tres letras de un apellido, instalado el personaje en el ámbito de una historia conocida, nadie puede dudar de su identificación. Son ellos, con una semejanza inequívoca.

Una curiosidad ocurre en el despacho supuesto de un presidente liberal, pues, detrás de la consabida bandera, se puede ver un busto de bronce, de nadie menos que de Laureano Gómez, tal vez de los modelados maravillosamente por la escultora Hena Rodríguez. Gente de esta época lo instaló allí para simular la severidad del recinto, ignorando seguramente de quién se trataba.

***

Se acerca la fiesta de la Madre Laura y, según la estampita de su divulgación, encuentro que son tres los pasos hacia la santidad: la beatificación, la liposucción y la canonización. Me quedo con la imagen real de la santa, robusta como su virtud.

***

Sin mucho que añadir, salvo mi asombro, expreso mi solidaridad con el colega Ricardo Calderón.

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