Por: Luis Carlos Vélez

Sin ideas, pero con puños

Las imágenes de la pelea de la semana pasada en la Asamblea Nacional de Venezuela muestran a un hombre corpulento, vestido con una sudadera de los colores de la bandera de su país, repartiendo golpes a dos manos.

 Se le ve lanzando puños a una gran velocidad, prácticamente arrasando con todo lo que tiene al frente aprovechando al máximo su estatura y corpulencia. Es un hombre alto, acuerpado y evidentemente violento. Según el asambleísta opositor Ismael García, se trata de Michael Reyes, diputado suplente por el Gobierno que no debía estar en esa sesión, pero que apareció sorpresivamente justo cuando se desató la golpiza y quien además, según García, el año pasado fue acusado en el estado de Aragua de golpear a su mujer en una fiesta.

En esta gresca 11 personas resultaron heridas, entre ellas la diputada opositora María Corina Machado. Esta mujer, que se destaca por su tono combativo y sus contundentes denuncias, tuvo que ser operada luego de haber sido blanco de los golpes, que recibió incluso cuando terminó en el piso sin poder defenderse en medio de la pelea.

Según versiones de la oposición, todo comenzó luego de que el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, dijera que sólo les daría la palabra a los representantes de la bancada disidente si reconocían como presidente a Nicolás Maduro, algo que por supuesto se negaron a hacer, ya que precisamente el punto de discusión actual es el de la legitimidad del triunfo del autoproclamado sucesor de Hugo Chávez.

En medio de golpes e insultos, empezaron a aparecer fotos por internet. Se trató del único medio que prácticamente transmitió en tiempo real el incidente. La televisión estatal, que llevaba en vivo la discusión política, cambió de ángulo cuando empezó la pelea y evitó que los venezolanos vieran lo que estaba pasando en el recinto. Las imágenes en las redes sociales eran fuertes y mostraban los rostros ensangrentados de los diputados caprilistas que habían resultado heridos en la disputa.

Uno de los legisladores con heridas más severas fue Julio Borges, quien en una de sus primeras declaraciones en TV tras la pelea se aventuró a decir: “Nos pueden pegar, encarcelar e incluso matar. Pero nosotros no venderemos nuestros principios”.

Pero los representantes del Gobierno tienen otra lectura de lo ocurrido. Odalis Monzón, del partido oficialista, le dijo a la agencia Reuters que la trifulca la habían iniciado los opositores, y agregó: “Hoy, nuevamente, tuve que defender el legado de Hugo Chávez”.

Pero más allá de lo que haya provocado el inicio del enfrentamiento, lo que es totalmente reprochable es el uso de la fuerza desmedida en un recinto donde supuestamente se debaten las ideas. Aunque en Venezuela éstas hace rato dejaron de existir a nivel político y fueron reemplazadas por los insultos, los ataques y las teorías de conspiración. Se trata, además, de un episodio donde nunca hubo proporcionalidad, ya que hay denuncias de que las fuerzas de seguridad, evidentemente chavistas, se apostaron a las puertas de la Asamblea, no dejaron salir a quienes no querían participar de los golpes e intimidaron a los opositores.

Así las cosas, este grotesco incidente es una demostración adicional de lo que ocurre al otro lado de la frontera, donde en los escenarios en los que es obvio disentir, como la Asamblea, se acallan las voces diferentes y se hace política con matones que aparecen de la nada a pelear por ideales que no pueden defender porque los argumentos son simplemente insostenibles.

 

* Luis Carlos Vélez,  Director de Caracol Noticias

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carlos Vélez