Por: Nicolás Uribe Rueda

Debatamos

No es mala idea que de este lado de la mesa de negociación se den los debates de lo que es conveniente y posible en el proceso de paz con las Farc.

Es útil la participación ciudadana, como la convocada por la ONU, como también resulta fundamental la intervención de los actores estatales más relevantes que deberán jugar ahora y luego un papel insustituible en la implementación de los posibles acuerdos que salgan de la Habana. El Congreso debe pronunciarse en medio de su heterogeneidad y el foro reciente, en donde quedaron expuestas las posiciones del procurador y fiscal sobre los límites de la negociación es clave para orientar el proceso, como será también determinante la sentencia de la Corte Constitucional que decida la suerte del marco legal para la paz. 

En primer lugar, la deliberación  permite profundizar en el debate, y con ella se logra la individualización de los temas que acercan a las partes y también la especificación de aquellos que los separan. Con solo esto, se avanza sobre lo concreto,  de modo tal que se pasa de las ambigüedades de lo general a la evaluación de lo preciso, que permite a la sociedad entender las implicaciones de cada cosa, desprendiéndose de las confusiones tan propias de teorías jurídicas, de las interpretaciones de normas internacionales y de apegos axiológicos, entre otros asuntos. Por ejemplo, es un hecho que todos, aún los más férreos detractores del proceso de paz, aceptan la necesidad de una justicia transicional y estarían de acuerdo con métodos de justicia exprés para los guerrilleros rasos sobre los cuales el Estado ignora sus crímenes y no hay prueba diferente de su pertenencia a las Farc que la sola y pobre confesión de parte. Parece también claro que no habrá proceso de paz ignorando a los militares pues nadie está dispuesto a repetir la penosa historia del Palacio de Justicia y sus efectos. 

Pero de la misma manera, el debate público sobre los límites de las negociaciones nos permite considerar en detalle las diferentes posiciones sobre los grandes puntos de disenso. Temas como por ejemplo si es posible o no que los jefes de las Farc no paguen un solo día de cárcel sabiendo de sobra su participación en crímenes de lesa humanidad, si el país está dispuesto a permitir la participación política sin límites para quienes cometieron las peores atrocidades de la guerra o si será posible que a los responsables de falsos positivos se les perdonen sus delitos, son algunos de los temas en los que por ahora no habrá acuerdo en el seno de nuestra sociedad.  

Y es que para llegar a los consensos necesarios resulta indispensable analizar tanto las premisas como sus efectos. Aceptar por ejemplo la participación política de los farianos, cualquiera será la fórmula, sin haber resuelto en el marco del proceso la estrecha relación que tienen estos con el narcotráfico no sería una solución, sino el germen de la penosa reinstitucionalización del narcotráfico en el sistema electoral, quién tendría vía libre para financiar toda clase de aventuras electorales y someter al Estado luego a sus designios. Una experiencia que no queremos volver a repetir. 

Lo que ya resulta claro es que el proceso de paz apenas está empezando y que el tema agropecuario es el primero, pero no será el más complejo ni el más difícil en el marco de las negociaciones. En este marco, aportar a la paz también es también fomrar parte del debate, incluso señalando los límites del Estado de derecho en las negociaciones con el grupo terrorista.  

@NicolasUribe

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Uribe Rueda