Por: Columnista DATAiFX

Primeras lecciones del TLC con EE.UU.

Se cumple el primer año del TLC con EE.UU. y se hacen los balances correspondientes.

Con los datos disponibles, entre mayo de 2012 y marzo de 2013, comparado con igual período para 2011 y 2012, las exportaciones colombianas totales a EE.UU. pasaron de US$22.594 millones a US$21.575, 4,5% menos; y las importaciones provenientes de Norteamérica crecieron de US$13.279 millones a US$15.904, 19,7% más. ( http://www.census.gov/foreign-trade/balance/c3010.html). El superávit que Colombia tenía comienza a disminuir.

Otras cuentas conducen a resultados similares. Cuando se sustraen las exportaciones de petróleo, el crecimiento es del 3,3%, y cuando se restringen al ámbito agropecuario, aumentan 11,5%, pero las compras suben el 70%. El balance está lejos de los cálculos de estudios sobre un TLC gana-gana. En el de Toro y otros, del Emisor (2010), por ejemplo, se preveía que en los tres primeros años el total exportado aumentaría 14,4%, incluyendo al sector agropecuario con el 24,6%, y que lo comprado crecería el 35,6%. Todo indica que las previsiones serán erróneas por exceso en lo primero y por defecto en lo segundo.

Mas no sólo eso. Los productos norteamericanos de mayor avance en este lapso pertenecen a capítulos de mercados masivos agroalimentarios, como arroz, soya o aceites, o de derivados del petróleo y lubricantes, químicos y maquinaria; en tanto los colombianos son mercados de nicho (volátiles) como el de chalecos, cuero de bovino o de tirantas y fajas. Según funcionarios a cargo, es la tendencia.

Si algo agrava las asimetrías negociadas a favor de Estados Unidos, que incluyeron subsidios, barreras no arancelarias y otras gabelas, es la tasa de cambio. De mayo de 2011 a abril de 2012 se movió en una franja promedio mensual entre $1775 y $1801; para el último año, de 2012 a 2013, fluctuó entre $1793 y $1829, un leve ajuste que no genera mayor competitividad.

La reducción del superávit afectará la balanza de pagos y la eliminación de aranceles impactará el recaudo tributario. Se conjugarán para forzar un mayor endeudamiento con el objeto de financiar la cuenta corriente. Los cálculos más optimistas, como los del estudio nombrado, estimaban la ampliación del déficit en 0,3% del PIB. Por lo visto, sería mayor.

En términos sociales, no hay importantes beneficios al consumidor, pero vendrán secuelas en el empleo. Por un lado, posibles envilecimientos de las condiciones laborales, buscando “oportunidades” en el mercado externo, y por el otro, desempleo en aquellas ramas derrotadas por la competencia. Esta desocupación, inicialmente friccional, podría volverse estructural si la economía nacional no reacciona ante el diluvio mercantil desatado por este TLC y los que no se han iniciado.

 

*Aurelio Suárez M.

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