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Ramiro Bejarano Guzmán 18 Mayo 2013 - 2:34 pm

Notas de buhardilla

La mancha azul

Ramiro Bejarano Guzmán

Todos los analistas políticos sostienen que el Partido Conservador está muerto, pero me temo que andan equivocados. Si en estos tiempos no cuenta la ideología de una colectividad y su capacidad de influencia en la sociedad se mide por los correligionarios que tenga en diferentes sectores del servicio público, a no dudarlo que los goditos son amos y señores, aunque nunca ganen las elecciones.

Por: Ramiro Bejarano Guzmán

De los actuales 65 magistrados de altas cortes, 37 son alfiles del partido de Núñez y Caro. Tal desbalance no es fortuito. En el Consejo de Estado los magistrados conservadores han logrado perpetuar el Frente Nacional, por cuenta del cual los puestos públicos se distribuyeron paritariamente durante 20 años entre los dos partidos tradicionales. El Frente Nacional se acabó, menos en el Consejo de Estado, pues allá se ha garantizado que cuando un magistrado conservador deja el cargo, sea reemplazado por un distinguido copartidario. Hubo hasta un famoso consejero que recientemente tuvo que dejar su cargo, de quien se sabe que cuando entrevistaba a los aspirantes a alguna vacante en la corporación, sin ningún rubor exigía a los candidatos conservadores que juraran serlo y que se comprometieran a obedecer el ideario. Eso no significa que quienes profesan las ideas conservadoras sean malos jueces, tampoco que eso los haga excelentes, pero sí es una muestra de un desequilibrio que no debería presentarse en una sociedad pluralista y abierta. Por supuesto, justo es reconocerlo, en el Consejo de Estado hay respetables y competentes magistrados conservadores. Pero lo que no puede suceder en una democracia es que un partido se apodere de toda la justicia, llámese Conservador, Liberal, Comunista, etc., porque eso desestabiliza las instituciones.

Lo cierto es que el azul de metileno se apoderó también de la Corte Constitucional, y lo mismo está ocurriendo en la Corte Suprema de Justicia, y más cuando se concreten los próximos nombramientos que misteriosamente están represados por obra y gracia de un complejo ajedrez burocrático, que en la práctica se ha traducido en que para ser magistrado el requisito principal es ser magistrado o pertenecer a una cofradía cerrada que no permite el acceso a nadie que piense diferente o disienta de ellos.

Si en las cortes el firmamento es azul, en los organismos de control la situación es muy similar. De todos es sabido que el procurador Alejandro Ordóñez se autoproclama como laureanista, y ejerce de godo recalcitrante. Sus decisiones son bastante duras con los liberales —que en su entorno todavía llaman “cachiporros”—, pero ostensiblemente benignas con los suyos. Esta semana, para no ir muy lejos, Ordóñez absolvió al también conservador Ciro Ramírez, sin importarle que la Sala Penal de la Corte lo condenó por los mismos hechos. Con esa misma lente, por ejemplo, Ordóñez se ha hecho el bobo frente al exministro Juan Carlos Echeverry, a quien nada le ha pasado en la Procuraduría de su compadre conservador, no obstante su confesa actuación en el caso de Interbolsa. Y la contratadora Sandra Morelli, que posaba de liberal, terminó convertida en aliada siniestra y amanuense de Ordóñez. Ya verán que ese perverso dúo intentará destituir al actual director de la UIAF porque no se sucumbió a la ilegal y arbitraria petición de la Morelli, de acceder a información reservada que solamente pueden conocer la Fiscalía y los jueces.

Pero el asunto no termina todavía. Los conservadores se han hecho respetar en el Gobierno, como ellos entienden el oficio de la política, porque conservan las cuotas burocráticas de las que vienen disfrutando a ciencia y paciencia primero de Uribe y luego de Santos. Por eso convirtieron en botín la Dirección de Estupefacientes, y siguen medrando en muchas otras instituciones públicas, donde hasta para entrar hay que pedir permiso a la alta dirigencia conservadora. Sí, el conservatismo está muerto, pero de la risa.

Adenda. Si es verdad que a los archivos del DAS no sólo los han desaparecido sino además adulterado, el gobierno que pretende reelegirse va a tener muchas horas de angustia y zozobra. Algo grave está pasando con los servicios de inteligencia.

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