Por: Gonzalo Silva Rivas

Más de lo mismo

Un amplio sector de hoteleros nacionales ha hecho pública su preocupación por la caída en la ocupación registrada durante el primer trimestre del año.

Salvo algunas excepciones regionales, como Antioquia y San Andrés, el bajonazo generalizado que se presenta en el país plantea inquietudes sobre un problema recurrente en una industria sensible y vulnerable a los vaivenes del mercado.

El crecimiento hotelero en Colombia durante la última década ha sido desbordante. Las inversiones realizadas superan los US$2.000 millones, que se reflejan en más de 15 mil habitaciones construidas y cerca de 12 mil remodeladas, buena parte de ellas -un 40%- dirigida a la demanda de turistas en las categorías de cuatro y cinco estrellas. 

Bogotá y Cartagena suman la mayor porción de la torta inmobiliaria. Juntas superan de lejos el medio centenar de licencias y proyectos en construcción, una cifra sin precedentes. Esta avalancha hotelera, extendida a otras ciudades, es la que, a juicio de hoteleros agremiados en Cotelco, arriesga la estabilidad financiera del sector. En Bogotá la ocupación cayó cinco puntos porcentuales, y en Cartagena, cuatro.

Otras voces adjudican las causas del desplome a las debilidades promocionales del país. Aunque la industria turística es tratada como cenicienta dentro de las prioridades del Estado, la inversión oficial ha mejorado considerablemente en los últimos años. Al lado del trabajo que adelanta el Gobierno Nacional, Cartagena y Bogotá son los destinos locales que más se muestran en el mercado internacional con la oferta de su producto turístico. 

Cabe recordar que nuestro turismo receptivo ha salido bien librado de las crisis mundiales recientes, con un crecimiento gradual y sostenible desde inicios del siglo. El año pasado arribaron un millón 700 mil extranjeros, 7.2% más que en 2011, y en lo corrido de 2013 la cuota sigue en alza. Es un hecho que los turistas aumentan pero el complique se da en razón de que la demanda no vuela al ritmo de la oferta hotelera.

La hotelería enfrenta otras dificultades que le restan competitividad. La carga que le produjo el reciente incremento de seis puntos en la tasa del IVA y la extensión de la hotelería informal, una práctica parasitaria que no paga impuestos, contribuciones parafiscales, servicios públicos ni nóminas laborales. 

En esta coyuntura los hoteleros deberán sobreponerse a las inestables condiciones del mercado con la implementación de estrategias audaces, como sumar esfuerzos a la promoción, revisar su política de precios e integrar servicios adicionales con nuevos conceptos turísticos. Con más de lo mismo, y en época de crisis, es poco probable que las cosas cambien. 

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