Venezuela: crisis y oportunidad

El uso reiterado de lenguaje violento, amenazas y denuncias contra supuestos enemigos externos puede ser una forma de hacer política al interior, pero también una señal de debilidad.

Mejor buenos gobiernos y adecuadas políticas que inculpar a los vecinos por un acto de elemental cortesía y por lo que sucede o deja de ocurrir en Venezuela. ¿Valdrá la pena repetir episodios, ya conocidos, que en lugar de mejorar deterioran una relación fraterna por naturaleza?

Los problemas de nuestros hermanos venezolanos no se encuentran, mayormente, en Colombia. Qué Maduro no era Chávez, para los venezolanos, se notó en los apretados resultados de las elecciones presidenciales. Qué después de tantos años en el gobierno el proyecto Chavista evidencia desgaste, también. Qué el desabastecimiento resultante de la crisis cambiaria y los problemas de pagos están generando una nueva y negativa coyuntura en Venezuela, es evidente. Ninguno de ellos es responsabilidad de Colombia.

A Maduro se le ha crecido una débil oposición política y se observa fraccionamiento en el bloque de poder, con un Cabello que parece tener agenda propia y el respaldo de sectores importantes de unas fuerzas armadas deliberadamente politizadas. Sus declaraciones incendiarias, después de la reunión Santos-Capriles, no le dejaron mucho margen de maniobra al mismo Maduro, quien no podía aparecer, ante sus propias fuerzas, menos radical o “patriota” que aquel, amplificando la actual crisis.

El gobierno de Colombia ha actuado diplomáticamente en este episodio. No tuvo inconveniente en reconocer al nuevo gobierno y el resultado de las pasadas elecciones, pero tampoco en escuchar al líder de una oposición en ascenso que ha salido a denunciar el supuesto fraude electoral por el vecindario. Se dice, incluso, que en un acto amistoso el gobierno de Colombia notificó, sin necesidad de hacerlo, al de Venezuela previamente sobre la visita de Capriles, de manera privada. No ha respondido, y lo ha hecho bien, tampoco a tanto insulto que a nadie conviene.

El vuelo político que ha tomado la oposición venezolana, en el trasfondo de todo este asunto, puede explicarse más por los propios desaciertos del gobierno que por la intervención de terceros o por los hechos positivos de sus contradictores internos. Los resultados electorales demuestran que para desgastarse al interior del país, Maduro no necesita ayuda. Una mirada a la estructura productiva y al comercio venezolano, por ejemplo, revela que el desplazamiento, hacia el Estado del control y administración del comercio está en el origen de la actual crisis cambiaria: en un periodo de doce años, de 1999 a 2012, el gobierno triplicó su participación en las importaciones totales mientras que los exportadores privados vieron reducida, hasta casi desaparecer, su participación (inferior al 2%) en el total de exportaciones. Todo eso ocurrió en un espacio de tiempo en el que el precio del petróleo pasó de 18 a 100 dólares haciendo la crisis cambiaria inexplicable sino fuera por los desaciertos en la ejecución de políticas.

Si los problemas de Venezuela no se encuentran en Colombia, una parte de sus soluciones sí: Maduro debería considerar, más bien, que la puerta abierta por Santos a la oposición venezolana es una forma de canalizar las expresiones de un sector amplio de la población que, luego de acusarle de fraude, se muestra renuente a dialogar con él, anunciando tiempos difíciles para nuestros paisanos del otro lado del Arauca. El escenario tiene tendencia a empeorar con los precios del petróleo a la baja en 2013 por la caída en la demanda China, la recesión en Europa y los efectos de la revolución tecnológica que empieza diversificar y cambiar el panorama de las fuentes de energía.

Podrían también estimar los dos gobiernos que una forma práctica de resolver los problemas es continuar con la recuperación del intercambio comercial venido a menos por decisiones políticas desde 2010, cuando el comercio legal se redujo en más de un 70%.Reducir aranceles al comercio entre ambos países es condición indispensable pero no suficiente. Como el problema, para los empresarios colombianos, es de pagos (Si pagan en tres días los surtimos, ha dicho el presidente de FENALCO) Valdría la pena rescatar una propuesta realizada hace años por el Liberalismo colombiano, según la cual Venezuela podría pagarnos sus importaciones con petróleo, manejando las cuentas entre gobiernos, tal y como se hacía en otros tiempos con los países de la cortina de hierro que a cambio de café nos entregaban automóviles, aunque fueran obsoletos.

Las crisis son, por lo general, oportunidades. Esperemos que la dirigencia venezolana tenga la prudencia y visión necesarias para convertir esta en una.
@herejesyluis

 

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