Por: Diego Aristizábal

El impacto de las palabras

Cuando uno escribemide cuidadosamente las palabras, busca las dudas y las certezas en el diccionario, al fin y al cabo una palabra no siempre es lo que uno piensa que es. O si no mírese nada más lo que significa “bizarro”.

De igual forma al hablar es necesario pensar muy bien quése dirá porque no siempre a las palabras se las lleva el viento, a veces se quedan y dan vueltas y vueltas hasta que se convierten en “tornados” que golpean intensamente la tranquilidad o  la dignidad del otro.

En la calle, por ejemplo, un par de hombres discuten, repiten enfurecidos frases como: “Respéteme hijueputa para que yo lo respete, no sea malparido, gonorrea”. Y esto lo pronuncian una y otra vez subiendo el tono de la voz ardida, con manoteo, como si el respeto se ganara a punto de vociferar, de insultar con dos o tres palabras. Mi abuela, quien siempre medía muy bien sus palabras y nunca la vi insultar a nadie, me decía: “Mijo, cuídese de ese músculo que es la lengua porque qué estragos los que causa”. 

A muchos políticos colombianos, por lo visto, poco o nada les importa lo que significan realmente las palabras. La lista de sandeces de los últimos meses es larga y está integrada por prostitutas que existen porque “donde hay un hombre, hay prostitución” hasta bollos perfumados que pueden catalogarse, al mejor estilo de los chilenos, como “la guinda del pastel”. Ahora que el “bollito” volvió a la Asamblea de Antioquia, después de su sanción,ojalá haya entendido de qué está hecho el lenguaje. 

Hace poco el alcalde de Segovia, Antioquia, Jonhy Castrillón, afirmó que “en el pueblo no hay prostitución porque las mujeres son muy calientes y no necesitan que les paguen”, luego, al darse cuenta de la bestialidad que había dicho, trató de enmendar su error con la típica artimaña del cínico que siempre empieza con un: “Lo que yo quise decir”, “ustedes no me entendieron”, en fin, supuestamente con “mujeres calientes” el Alcalde se refería al clima, a la alta temperatura de su pueblo.¡Sí, cómo no!

Por lo visto, ahora las estupideces que dicen los políticos son culpa de quienes las oímos y no tenemos la capacidad de interpretar correctamente los discursos. Recordemos nada más al procurador Alejandro Ordoñez, cínico de cínicos, cuando después de decir que los periodistas “entre porro y porro y entre pase y pase lo estigmatizaban”,“aclaró” en Blu Radio que cuando habló de porros y de pases pensaba en el porro como género musical. “Lo que dije, de verdad, lo dije en tono amable con el propósito de dar mayor énfasis a una idea y para ello acudí a una figura retórica”. Y claro que Ordoñez,y los muchos otros políticos que se hacen los bobos, se quisieron hacer pasar por esos retóricos que, como los definió Montaigne, no sólo quieren engañar a nuestros ojos, sino a nuestro juicio, pretendiendo bastardear y corromper la esencia de las cosas. 

Es claro que reconocer el impacto que tienen las palabras es una muestra de respeto, ya es hora de que nuestros flamantes políticos colombianos empiecen a entenderlo, piensen mejor antes de hablar para que no sigan haciendo tantas aclaraciones que, después de la metida de pata, se vuelven impertinentes.

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