Por: Rafael Orduz

OECD, Colombia e innovación

Que en unos años la OECD acoja a Colombia será útil. Quizás aprendamos mejores prácticas alrededor de temas claves para el desarrollo, como la calidad de la educación y la capacidad de innovación.

Dos versiones de la noticia sobre Colombia y la OECD muestran el típico triunfalismo criollo. Mientras Ángel Gurría, secretario general, decía que en 2013 se iniciaban conversaciones de adhesión con Colombia y Letonia, y que en 2015 lo harían con Costa Rica y Lituania, el ministro de Hacienda colombiano dio por hecha la pertenencia a la OECD.

Colombia se suma a Rusia como candidato para la adhesión. China, India, Brasil, Indonesia y Sudáfrica se clasifican como “países en adhesión y cooperación reforzada”. En total son 34 países miembros y 7 en lista de espera.

Sin duda, aspectos como el tamaño de la economía colombiana (puesto 33 en el mundo) y la inversión extranjera son factores para ser invitada a iniciar conversaciones.

Sin embargo, los datos de la misma OECD sobre Colombia deberían llamar la atención acerca de ámbitos como las inversiones en investigación y desarrollo.

Después de casi tres años de gobierno, las inversiones totales de Colombia en investigación y desarrollo (a cargo del gobierno, empresas, universidades, centros de investigación) siguen estancadas en 0,18% del PIB. Los socios del exclusivo club al que aspiramos pertenecer invierten, en promedio, 2,3% del PIB en I+D (OECD Economic Surveys, Colombia, 2013).

Las solicitudes de patentes, un indicador de innovación, reflejan otra debilidad estratégica. Por cada millón de habitantes hay en Colombia tres solicitudes de patentes. En promedio, en los países de la OECD se presentan 455 patentes por millón de habitantes. Chile nos sextuplica (19 patentes por millón de hab.).

El Gobierno parece creer que con las regalías destinadas a ciencia y tecnología (se supone que la inversión en I+D es un subconjunto de CyT) se resuelve el problema. A comienzos de 2012 se esperaba que los recursos ascenderían a, más o menos, $800.000 millones en ese año. Según el informe de rendición de cuentas del DNP sobre las regalías, en 2012 fueron aprobados proyectos por $ 423 mil millones (p. 21), acerca de cuyos grados de ejecución no hay información.

Es obvio que, en la lógica de los gobernadores, se trata de recursos adicionales por los que hay que dar la batalla. Peor es nada. Sin embargo, en el agregado, el valor aprobado en 2012 (unos US$250 millones) no va a mover el indicador de forma significativa. Si el PIB colombiano fue de US$370.000 millones en 2012, para llegar al 0,4% de Chile en I+D, el más bajo de la OECD, habría que invertir US$1.480 millones en I+D.

El sector privado y las universidades invierten muy poco. El primero, porque el modelo económico no incentiva la innovación; las segundas, por su desvinculación con las empresas y la falta de comprensión de invertir en ciencias básicas, para lo que requieren apoyo público.

Quizás aprendamos de la OECD.

 

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