Por: Aura Lucía Mera

La humanidad compartida

Me siento emocionalmente paralizada. Después de leer el informe de la revista Semana sobre la realidad sin máscaras ni maquillaje de esta guerra fratricida en la que llevamos más de cincuenta años, lo único que atino a pensar es que todos los colombianos tenemos participación en el genocidio, holocausto, o como se le quiera llamar a este conflicto, que desborda toda calificación.

Hemos permitido, ya sea por indiferencia, fanatismos políticos, intereses económicos, ideologías, venganzas, esta guerra civil que suma más de cinco millones de compatriotas asesinados, violados, torturados, desaparecidos, masacrados y desplazados.

Somos el país con la guerra más larga en la historia de la humanidad. Además, con la participación de todos. Ejército, guerrilleros, paramilitares, políticos, narcotraficantes, empresarios, banqueros, estudiantes, pandilleros, jóvenes, sin distingo de género ni edad, cuenta bancaria o condición económica. Hemos sido cómplices, victimarios, asesinos y encubridores del mayor genocidio que país alguno tenga en su historia contemporánea. Ni mi generación, ni la anterior, ni la presente, ningún colombiano puede atreverse a tirar la primera piedra ni declararse ajeno al conflicto.

Como afirma Iván Orozco, uno de los más respetados investigadores de esta historia de horror, sangre y dolor, es difícil establecer en blanco y negro esa división tajante entre víctimas y victimarios. Existe una delgada línea gris, tal vez la más importante de todas y como dice Orozco, de la cual todavía no se habla porque resulta incómodo y peligroso, porque daría paso a miles de interpretaciones y justificaciones, pero que sin ella no puede haber verdadera reconciliación ni comienzo de una nueva vida para el país.

Iván Orozco la llama La Humanidad compartida, en la cual, cada uno de nosotros empecemos a reconocernos, a mirarnos de frente, a darnos la mano y asumir nuestra responsabilidad, que todos la tenemos, y proponernos, todos juntos, como meta principal de nuestras vidas, poner nuestro grano de arena para ayudar a construir una Colombia en paz, en la que todos tengamos una oportunidad de vivir dignamente.

Miremos ese pasado de horror sin olvidarnos de él para no volver a repetirlo, pero desde ahora mirando hacia adelante un horizonte nuevo, en el que el sol vuelva a brillar para todos. Gracias Iván por esta reflexión.

 

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