Por: Nicolás Rodriguez

La nueva vieja Colombia

Hay algo viejo en el reportaje que el Financial Times publicó bajo el título de La nueva Colombia. El contenido es casi idéntico al de algunos textos que en otras ocasiones han sido presentados como publirreportajes financiados por algún gobierno con el interés, también viejísimo, de mejorar la imagen del país en el exterior.

En esta ocasión, la nueva Colombia es un paraíso lleno de energía y recursos minerales, tierra arable y abundante agua fresca. Un lugar, faltó agregar, que cualquier extraterrestre querría colonizar.

Lo de la biodiversidad va con el infaltable texto sobre los wayuus, que, como siempre (y aun en esta, la nueva Colombia), aparecen en el informe para que el lector sepa que esta es tierra de indígenas e increíbles paisajes. ¿Se oponen los indígenas a la minería? Siguiente pregunta. Acá, en esta nueva Colombia, ya no se es pasión sino paisaje. Colombia es paisaje. Los indígenas son paisaje. Y la minería también.

Sobre la prensa y el poder hay un texto que va de la denuncia al piropo complaciente; otro sobre cómo se exporta todo lo que se sabe en materia de repartir plomo e impartir seguridad, con foto del colombiano que sacó adelante sus chalecos antibalas para niños gringos que todavía no van armados al colegio; uno más de la pluma del mejor policía del mundo acerca de lo cívica y humanitaria que es nuestra Policía, y una lista de figuras nacionales prominentes, con Andrés Jaramillo entre los retratados, a tono con lo de la nueva Colombia.

En algún punto, como sin querer queriendo, se nos presenta al presidente Santos (que recién dijo que lo del premio Nobel de Paz no es con él) en términos de “el hacedor de paz”. Y aunque uno busca en el artículo alguna frase tipo Mandela o Gandhi, de su traje de empresario apenas si sale un “créanme, es más difícil hacer la guerra que la paz”.

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