Por: Iván Mejía Álvarez

Cerca... cerca

Colombia hizo un partido inteligente y metódico.

 Claro, cometió errores y tiene reparos globales la producción individual y colectiva, pero ganó, subió otro piso en el camino hacia Brasil y demostró, lo más importante, que es un colectivo camaleónico, que se adapta a las circunstancias y las maneja. Cada vez está más cerca de ser un gran equipo de fútbol.

Muchos esperaban fiesta, baile incluido; otros, cuatro o cinco goles, una actuación superlativa. Pero había factores claves para pensar que la producción iba a estar mucho más cercana a lo que se vio.

Primero, el desgaste de un partido muy físico por lo intenso y la presión sicológica como el que se vivió en Buenos Aires. Segundo, el tema de la humedad en un estadio que soportó tres aguaceros y que durante el partido presentaba una sensación térmica demasiado elevada. Y tercero, Perú no fue el rival que exigiera, que apurara. Fue tan tibio, tan inofensivo, que al equipo colombiano le bastó con muy poco para ganarle.

Además, es necesario entender que no es el principio de temporada y que ya los físicos están desgastados por muchísimos partidos durante los campeonatos regulares.

Perú no hizo daño, tan solo se arrimó con un remate de cabeza, error de Perea en la marca, un rematico mordido que sacó Ospina y el tiro libre en el palo. Tuvieron la pelota mucho tiempo, pero no inquietaron y también se juega dejándole el gasto físico y la presión sicológica al rival, esperándolo y contragolpeándolo. Eso es válido en el fútbol, eso no esta prohibido, hace parte del juego y de la inteligencia del manejo táctico.

Por supuesto, en la construcción de un equipo confiable en el Mundial, un colectivo que responda a la ubicación entre los ocho mejores del mundo como se encuentra actualmente en el escalafón Fifa, es menester mirar virtudes y defectos y empezar a trabajar en la búsqueda de soluciones.

Por ejemplo, es urgente e inmediato que se encuentre un marcador de punta que tenga marca por la zona izquierda. Armero es muy bueno saliendo, pero qué mal esta destruyendo juego. El flanco izquierdo con Armero-James es una autopista para el rival, por ahí llegan todos los que quieren.

También es urgente conseguir que el ritmo ofensivo no dependa tanto del irregular momento de Macnelly, que a ratos sí y a ratos, largos ratos, no aparece. Es imprescindible que Radamel entienda que es mejor lo colectivo que lo individual y que no se quiera tragar para él solo la pelota en un alarde de individualismo que lo lleva a la zozobra y las malas entregas.

Hay mucho por corregir, es cierto, pero son muchísimas más las cosas buenas. Por lo menos hay algo claro: este equipo es inteligente y ya sabe manejar los partidos a su gusto y necesidad.

 

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