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Cartas de los lectores 24 Jun 2013 - 10:24 pm

Diplomacia

Cartas de los lectores

Las proyectadas visitas del opositor venezolano Henrique Capriles a los mandatarios de Colombia, Brasil, Chile y México, con el claro propósito de sumar nuevas alianzas a su cruzada contra el gobierno de Nicolás Maduro, parecieran estar condenadas al fracaso.

Por: Cartas de los lectores

Aunque suene paradójico, lo estaría confirmando el hecho de que el éxito pasajero obtenido por Capriles tras el recibimiento que le hiciera el presidente Juan Manuel Santos, pronto terminó eclipsado por las hábiles maniobras de la Cancillería, tendientes a enderezar el entuerto de las provocaciones contra el presidente Maduro. Era claro que las buenas relaciones diplomáticas con Venezuela y el apoyo brindado por su gobierno a los diálogos de paz en La Habana debían anteponerse a las maniobras conspirativas de la oposición venezolana. 

Pero sobre todo, la contundente y apabullante respuesta del presidente de México, Peña Nieto, a la pregunta de un acucioso periodista sobre la anunciada visita de Capriles a la capital azteca: “Concretamente no, no lo habré de recibir, porque es claro que el gobierno de México ha reconocido al gobierno formado en Venezuela”. Inusual hecho político que tuviera por escenario el Real Instituto de Relaciones Internacionales de Londres (Inglaterra), lugar donde el mandatario mexicano fuera invitado a pronunciar una conferencia, y gracias al cual quedaron desveladas las falencias políticas y diplomáticas de la dirigencia de la Mesa de Unidad Democrática. 

Lo que llevaría a convalidar la creencia de que tanto Capriles como los demás miembros de la Mesa de Unidad, quizá envanecidos por el inacabado apoyo de una delirante derecha internacional, habría desestimado los lineamientos constitucionales que guían la política exterior de México, y que, para el presente caso, podrían resumirse en los siguientes postulados: “No intervención en los asuntos internos de otra Nación” (Doctrina Carranza). 

En cuanto a las supuestas visitas a los mandatarios de Brasil y de Chile, reconocidos también por su incuestionable talante democrático e integracionista, qué duda cabe que estén lejos de oír siquiera sobre peligrosas conspiraciones contra la pacífica Revolución bolivariana, máxime cuando su gobierno, en cabeza de Nicolás Maduro, es otro relevante socio de Unasur. Es más, las difíciles circunstancias políticas por las que actualmente atraviesan por cuenta de las multitudinarias manifestaciones de los brasileños y las protestas de los estudiantes chilenos confirman el hecho cierto que “el palo no está para cucharas”, como suele decirse de manera coloquial. 

Ramón García. Ocaña.

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