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Julio César Londoño 5 Jul 2013 - 11:00 pm

El ardid del relojero

Julio César Londoño

En el curso de una audiencia pública de la Corte de Cracovia, Antonio Amadeo, un joven que se dedicaba al novísimo oficio de la relojería, se levantó y dijo: “Querido rey, quiero enseñarte una oración que sirve para desenmascarar enemigos ocultos. —Todos los ojos se volvieron a mirar al joven—.

Por: Julio César Londoño
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Opera así: cuando se pronuncia la oración de cara a Roma con los ojos cerrados, en los párpados podemos leer los nombres de los que quieren perdernos... de los conspiradores, por ejemplo”.

El rey no era un hombre incauto, pero decidió seguirle el juego al relojero: Enséñame esa oración, muchacho –ordenó.

—Lo haré con gusto, mi señor, pero a solas, por supuesto.

En cuanto estuvieron solos, el rey lo urgió: “A ver, muchacho, enséñame esa oración prodigiosa”.

—Lamento decirte, señor, que tal oración no existe ni existirá. Me admira que un hombre como tú haya creído semejante historia.

El rey no podía dar crédito a sus oídos. “¿He oído bien, relojerillo? ¿Quieres burlarte de mí o es que has decidido, de repente, guardarte tu secreto?”.

—Ni lo uno ni lo otro. Son sólo imaginaciones mías. De nada sirve orar mirando a la Meca como los musulmanes, ni a Jerusalén como los judíos, ni a la Estrella del Norte como los sabeos, ni al Oriente como los persas —que adoran el fuego—, ni al ombligo como los hindúes. Todos estamos solos frente al mal, y los reyes más que nadie.

El rey enrojeció de ira. “Te arrepentirás de esta broma estúpida, tunante. Te haré azotar tres días y luego te ahorcaré con mis propias manos”.

—La ira no es buena consejera, mi señor. Piensa esto: si me haces azotar la gente comprenderá que te he engañado, que la oración no existe y tus enemigos seguirán conspirando sin temor alguno.

—Puedo decir que la oración sí existe, y que te ahorqué para salvaguardar el secreto.

—Sí, puedes hacerlo, pero quedarás ante tu pueblo como el más ingrato e injusto de los hombres. ¿Quién confiará en ti luego? ¿Con qué cara invocarás la justicia en tus discursos? En cambio, si me colmas de honores todos quedarán convencidos de que ahora estás en posesión de un secreto que te hace invulnerable.

—¿Que te colme de honores, bribón? ¡Has perdido el juicio!

—No, no lo he perdido, y si no has perdido el tuyo, me darás la mano de tu hija, a quien amo con noble afecto. Esta será ante todos la prueba palpable de tu gratitud, nadie querrá ni siquiera pensar en conspiraciones, y seremos eternos cómplices, pues el secreto quedará en familia.

—¡Eres el más cínico bribón de la historia! –el rey estaba desesperado, daba vueltas por el salón, se mesaba los cabellos y mascullaba palabras: Bribón... lógica... mi hijita... cínico... miserable… sabandija… lo mataré... bueno... invulnerable… bien vista la cosa… hasta que al fin dijo: ¡Quién iba a pensar que luego de desdeñar pretendientes poderosos y honorables entregaría mi hija, mi mayor tesoro, a un mecánico embustero! Y diciendo esto abrazó al relojero y le dijo: Fija la fecha para la boda, yerno, y quítate de mi vista.

La boda se realizó al día siguiente. Durante la elevación, el rey cerró los ojos, rezó con fervor el padre nuestro y leyó en los párpados dos palabras. Ahí estaba, con caracteres nítidos, el nombre del relojero.

Post scríptum. La anterior es una versión demasiado libre de La aventura de Tse-i-la, el célebre cuento del escritor francés Villiers de L’isle-Adam. El original posee una sutileza en el desarrollo de la trama que ni siquiera intenté emular.

 

 

 

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Opiniones

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eradelhielo

Sab, 07/06/2013 - 15:37
Esa clase de personajes tienen nombre: políticos y banqueros.
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Santiago OR.

Sab, 07/06/2013 - 14:45
Tiene razón Sr. Londoño en que esta es una versión libre del cuento de Villiers; una pésima versión libre. ¿Para qué parafrasear un cuento bello y genial de esta manera? Copió la trama, las características principales de los personajes, no añadió nada significativo. Cosa vana copiar.
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Patecaucho Cibernético

Sab, 07/06/2013 - 12:51
Una delicia de lectura la que nos regaló hoy, profe Londoño.
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hecnomef

Sab, 07/06/2013 - 12:40
!!!SEBASTIÁN:?porqué no te vas para Venezuela y le enseñas a Maduro,ortografía,dicción,buenas maneras de hablar y escribir?!!!!AHHHH!
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hecnomef

Sab, 07/06/2013 - 12:23
!Esa trama tiene su esencia en el discurrir de ciertos "brujos",no me atrevo a calificar de apología,para con los que Trabajan"el tarot,cartomancia,tabaco y otras "yerbas",pero si digo: algo queda en la mente de aquel que ha confiado su vida privada a un "psicoanalista",que le ha metido en sucabeza cosas hasta entonces,desconocidas,queda abrumado para bien o para mal.El psicólogo despeja dudas,ayuda a enderezar conflictos emocionales,traúmas y ayuda a subir el autoestima perdido.El "brujo"lo estafa,lo acompleja y le hace creer que está "embrujado" Y,queda "psicosiado"...Ahí es donde empieza a "trabajarlo"...........
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Ar mareo

Sab, 07/06/2013 - 12:20
Reyesuelos y relojeros como los de la historia llenan las paginas de este diario todos los dias
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espelasso

Sab, 07/06/2013 - 09:51
Y... excelénte artículo, lo felicito, siga así...
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espelasso

Sab, 07/06/2013 - 09:40
Y NO LA HABíA LEIDO EL GRAN COLOMBIANO... PARECE...
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espelasso

Sab, 07/06/2013 - 09:45
Perdón por gritar pero es que estaba usando las mayúsculas...
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Gildán Brunesky

Sab, 07/06/2013 - 09:36
Lo pudo haber mandado matar y decir que al recitar la oración había visto el nombre del relojero.
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Aporto Omecallo

Sab, 07/06/2013 - 09:35
Me encanto volver a leerlo en su version de este cuento y asi proceda algo de lo que dice don Sebas Pipe, lo sustancial fluye y logra el cometido con creces. Gracias por el rato y por lo que deja, admirado escritor, Fuera de lugar y de pesimo gusto la ya cantinela de que acosa chicas. Bajese de esa nube, don Pipe que la inteligencia con buena onda, no tiene ni tiempo ni fisico para disfrutar de todo lo que seduce... Desde un teclado sin tildes.
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karissa

Sab, 07/06/2013 - 06:53
Sebastián F. Mírale el lado bueno a la vida. El sancocho no es por el contenido sino por la sustancia. Y el artículo tiene mucha, y sabrosa sustancia mientras que tus comentarios están recargados de ají pique y eso daña cualquier alimento. Mi abuelita que vivía en la finca La Ponderosa decía: Más vale poquito y bueno que bastante y malo.
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dalilo

Sab, 07/06/2013 - 05:34
El enano ve el nombre de JMSantos cuando cierra los ojos y reza para no perder su poder y sus paraisos fiscales/
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Sebastián Felipe

Sab, 07/06/2013 - 01:50
1.12. Debió usar guion (guión) largo antes de “ordenó”. Y marros más (no paso del tercer párrafo, de diecisiete que tiene la columna). 2. En el fondo: 2.1. Por hablar del “novísimo oficio de la relojería”, el autor original ?extensible al columnista? debió indicar la fecha del cuento, pues el autor existió en el siglo XIX, cuando no era “novísimo” ese oficio. 2.2. Debió escribir el nombre completo del escritor, Auguste Villiers de L’isle-Adam, pues hay dos famosos franceses con los mismos apellidos, aunque los distancian varios siglos. 3. Ah, ¿ya dejó de acosar sexualmente a las lindas chicas palmiranas?
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epifanio

Sab, 07/06/2013 - 15:27
OBVIAMENTE ESTE PENDEJO ES SOLTERO Y VIVE CON LA POBRE MAMÀ...QUIEN SE LO AGUANTA CON ESE DÈFICIT !
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BEATRICEMONT

Sab, 07/06/2013 - 08:48
ah...y espero que no se ofenda por mis tres signos de admiración. Tengo un defecto irreversible: soy vehemente desde chiquita.
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BEATRICEMONT

Sab, 07/06/2013 - 08:45
A mí me parecen muy pertinentes las correcciones de Sebastián Felipe. Tiene mucho que aportarle a la forma de la columna. Ojalá hubiesen más correctores de estilo como él. En cuanto a la "sustancia" es relativa. Eso es como hacer una sopa de arroz con el arroz del día anterior. Y a mí me encanta el ají!!!
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dalilo

Sab, 07/06/2013 - 05:38
Sebastian Felipe, corrijame esto: "La puta que lo pario deberia haber tenido un aborto para no crear un pobre acomplejado que no tiene mas oficio que hacer correcciones mariconas!!!!!
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Sebastián Felipe

Sab, 07/06/2013 - 01:44
[I de II] 1. En la forma: 1.1. y 1.2. Debió escribir “El Ardid del Relojero”, con mayúscula también en las dos palabras principales del título, por tratarse del nombre propio de una obra literaria, aunque ahora la Real Academia Española diga lo contrario, sin razón. 1.3. y 1.4. Debió escribir “Rey” (dos veces), con mayúscula, por sustituir a la persona (et alius en el resto del texto). 1.5. Faltó cerrar comillas después de “ocultos”. 1.6. Sobró el espacio entre el primer guion (guión) largo y la palabra que sigue. 1.7. y 1.8. Faltó abrir comillas antes de “cuando”, que debió ir con mayúscula. 1.9. Faltó coma después de “Roma”. 1.10. y 1.11. Debió poner entre comillas la frase “Enséñame esa oración, muchacho”.
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carrasposo

Sab, 07/06/2013 - 23:40
Lo mejor de las columnas de JCL son sus comentarios. Bien.
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