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Felipe Zuleta Lleras 6 Jul 2013 - 10:00 pm

El Estado enemigo

Felipe Zuleta Lleras

Las gravísimas protestas en el Catatumbo ponen de manifiesto que este país sigue siendo un polvorín, además de mostrar claramente que los ciudadanos del común deben acudir al expediente de la protesta violenta para que el Gobierno los escuche. Recordemos que hace tan sólo un par de meses lo mismo tuvo que hacer el sector de los cafeteros, los agricultores y los camioneros.

Por: Felipe Zuleta Lleras
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Colombia, a pesar de su crecimiento económico y de los esfuerzos del Gobierno para acabar con la inequidad, sigue siendo un país de contrastes y distancias entre sus ciudadanos. Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La brecha de la que hablaba el presidente Alfonso López Michelsen se amplía a pesar del trabajo titánico de algunos funcionarios que han logrado cosas milagrosas, como el director del Departamento para la Prosperidad Social, Bruce Mac Master.

El presidente Santos ha tratado, infructuosamente, de cerrar esas distancias; pero claro está que a pesar de todos los esfuerzos es evidente que el Estado colombiano es paquidérmico, ineficiente e inmanejable. Ya hemos dicho que es difícil tener un presidente y unos altos funcionarios mejor preparados en cada uno de sus temas, pero es que el asunto es más cruel: el Estado no funciona, es inviable, es perezoso y se ha constituido en el peor enemigo para sus gobernantes y sus súbditos.

El tema pues es cómo repensar el Estado, cómo acercarlo a sus ciudadanos, cómo hacerlo más eficiente, pues a pesar de todas las reformas que se hacen a través de las mal llamadas leyes antitrámites, los ciudadanos nos vemos obligados a llenar formularios, poner huellas, hacer eternas colas, por sólo mencionar unas pocas cosas, cada vez que necesitamos acudir a cualesquiera oficinas públicas. La paciencia de un colombiano es inconmensurable y casi que raya con la bobada. Y es tal vez por eso que en no pocos casos los colombianos deben acudir a las vías de hecho para que el gobierno de turno, cualquiera que sea, los escuche. Todo es enredado, desde sacar el pase, hasta tramitar un permiso. El Estado se convirtió en el peor enemigo de los ciudadanos. Ese enemigo de mil cabezas, inalcanzable y abusivo.

Difícil nos resulta a veces tratar con el monstruo voraz que se mete en nuestras vidas a través de los impuestos, que nos examina nuestras conversaciones y correos electrónicos, que cuenta con un aparato judicial ineficaz, siendo este en teoría un servicio público en el que los ciudadanos deberían poder ventilar sus conflictos de manera civilizada, pues que se sepa, el derecho es (al menos en la teoría) el único procedimiento que debe tener toda sociedad civilizada para solucionar sus conflictos.

Me temo que mientras los colombianos no nos unamos en propósitos comunes, pensando en el bienestar de todos, seguiremos viviendo en una selva llena de salvajes en donde el más fuerte es el que se haga sentir más duro solucionando sus problemas por mano propia. ¡País inviable!

@FZuletalleras

 

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