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Álvaro Forero Tascón 7 Jul 2013 - 11:00 pm

El santanderismo de las Farc

Álvaro Forero Tascón

Si se firma la paz, se reventará la mordaza que ha padecido la izquierda colombiana durante los últimos cuarenta años. Será el cambio político más profundo desde el Frente Nacional, porque las ideas de izquierda dejarán de estar estigmatizadas por asociación con la violencia.

Por: Álvaro Forero Tascón
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Siendo Colombia el país de mayor desigualdad, informalidad y desempleo del continente, la única explicación para que no haya tenido gobiernos de izquierda —a diferencia del resto de América Latina— es que la guerrilla manchó de sangre las propuestas izquierdistas. Hugo Chávez seguramente les habrá dicho a los comandantes de las Farc que eran el mayor obstáculo para su proyecto bolivariano, porque propiciaban el régimen más conservador del continente y facilitaban un “enclave” de los Estados Unidos en la región por vía del Plan Colombia. Que mientras él estaba en el poder hace más de una década y dominaba la política exterior latinoamericana, ellos seguían, ya ni siquiera en el monte, porque tenía que tenerlos camuflados en Venezuela para que no los dieran de baja. Que sólo si pasaban a la lucha democrática podría apoyarlos de manera efectiva, y que no podían ser tan ciegos de no montarse en la ola de izquierda por la que atravesaba la región. Que entendieran que Uribe, y el paramilitarismo, y el odio que sentían los colombianos por la guerrilla, no era una fabricación de los Estados Unidos sino de las Farc, por cuenta de sus métodos violentos. Por eso no fue Álvaro Uribe el que presionó a las Farc a negociar. Fue Chávez, instrumentalizado por la política exterior de este gobierno, que entendió desde el primer día que la cooperación de los vecinos en materia de seguridad no era posible por la fuerza.

Los beneficiarios políticos del fin del conflicto serán obviamente los sectores colombianos de izquierda, mientras que los de derecha perderán el combustible que los ha impulsado en la última década, especialmente el odio que abasteció el populismo de la seguridad. Sin embargo, las Farc parecen tener dudas. Con la misma terquedad con que han persistido en la lucha armada, insisten ahora en conseguir cambios mediante la negociación de paz, a cambio de armas, en lugar de hacerlo desde la política.

No se dan cuenta de que haciendo política democrática, aprovechando las enormes debilidades de un sistema partidista anquilosado por su dependencia en el clientelismo, pueden conseguir más que en una constituyente, porque es desde el Legislativo y el Ejecutivo donde se imponen la política económica y social. Y que es más efectivo y seguro cambiar la Constitución desde el Congreso, sabiendo negociar con coaliciones moderadas de gobiernos como el de Santos. Que con una Constitución progresista como la de 1991 es posible expedir las leyes y decretos más revolucionarios.

Que la clave de gobernar no está en cambiar las normas sino en estructurar proyectos políticos con apoyo popular. Y que el del establecimiento es frágil, porque está basado en la ficción que fabrica el clientelismo. Que como demostró Álvaro Uribe en 2002, cuando el liderazgo interpreta las necesidades sentidas de la población, puede superar con facilidad las barreras formales del clientelismo. Pero que para eso se requiere hacer política, no regatear en contra de la historia.

  • Álvaro Forero Tascón | Elespectador.com

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