Por: Catalina Ruiz-Navarro

Al otro lado del espejo

Debe ser aterrados vivir sintiendo que tenemos el cuerpo incorrecto, viendo un reflejo en el espejo que nada tiene que ver con nuestra identidad.

Loreta, que aunque nació con genitales de hombre se sintió siempre como una mujer, cuenta, en la tutela que la Corte Constitucional falló recientemente a su favor, que no podía ejercer como administradora agropecuaria porque nadie confiaba en ella como para contratarla. Tuvo que dedicarse a actividades en las que no la viera nadie, como hornear tortas en su casa y distribuirlas a través de terceros. Es imaginable que la gente se sintiera incómoda al verla, si ella misma no se reconocía en ese cuerpo, ¿cómo iba a vivir con dignidad?

En un principio la EPS Alianzasalud le negó a Loreta los tratamientos necesarios para el cambio de sexo argumentando que eran una cosa cosmética, pues “no son considerados propios del ámbito de la salud”. La Corte Constitucional, en cambio, dijo que estos procedimientos sí son vitales, que su registro civil debe cambiar para que su nombre se ajuste a su identidad y que la EPS debe realizar, cuanto antes, los procedimientos que Loreta necesita para llevar una vida digna y feliz. Los derechos de la comunidad transgénero se reafirman en otras dos sentencias, la T-876/12, en la que la Corte ordena procedimientos para el cambio de sexo de Julián Sneider Clavijo, que aunque nació con genotipo femenino vive como hombre heterosexual desde niño, y la T-977/12, que autoriza el cambio de nombre, por segunda vez, a “Xxx” (como aparece en la sentencia con el fin de proteger su identidad), para que se ajustara a su condición identitaria como mujer.

Con demasiada frecuencia se llama “cosméticas” a intervenciones en el cuerpo que son definitivas para la construcción de nuestra identidad. Esto va desde acciones tan radicales como un cambio de sexo o tan aparentemente intrascendentes como hacerse un tatuaje o teñirse el pelo. Al unificar todos estos gestos como “cosméticos” se banalizan muchos que son decisivos para la construcción de identidad y que hasta llegan a ser posturas políticas. ¿Cuál es el límite? ¿Unos dientes torcidos son un problema de estética o de salud? El derecho al libre desarrollo de la personalidad es el derecho a luchar porque la imagen que se refleja en el espejo coincida con la que queremos ver. Eso por supuesto es clave para nuestro bienestar, pero ¿puede llegar a decirse que la salud equivale al libre desarrollo de la personalidad? ¿Y si, por el contrario, chocan salud e identidad? ¿Quién lo decide? ¿Debe el sistema de salud darle a la anoréxica un bypass?

Mucho tiene que ver nuestro reflejo en el espejo con nuestra construcción de identidad. Ese lugar común que desdeña la imagen porque “lo que importa es lo de adentro” omite que en realidad no hay afuera y adentro, que esos intangibles que llamamos pensamiento, personalidad, existen en cerebros, que son órganos físicos, que también son parte de nuestro cuerpo. Cada decisión que tomamos en la vida deja una marca y, a la inversa, la forma y las particularidades de nuestro cuerpo determinan cualquier interacción que tenemos con el mundo y por lo tanto las elecciones que tomamos y la construcción que hacemos de nuestra personalidad.

@Catalinapordios /

 

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