Opinión |18 Jun 2009 - 3:34 pm

Augusto Trujillo Muñoz

Acuerdo generacional

Por: Augusto Trujillo Muñoz

‘Colombia 2030 vista por sus protagonistas’ es un libro que recoge el pensamiento de unos veinte jóvenes de diversas tendencias políticas que suscribieron hace dos o tres semanas un documento bajo la denominación de ‘acuerdo generacional’.

Saben ellos que el sentido fundamental de la política es el acuerdo y que, por lo mismo, la política es el sustituto de la guerra. En el pasado era al revés. La guerra, según la célebre sentencia de Clausewitz, significaba la continuación de la política por otros medios.

Hoy supone el ‘acuerdo en lo fundamental’ que, al final de su vida, predicó Álvaro Gómez. Y el acuerdo es fundamental en sociedades heterogéneas, desiguales, excluyentes como las de ésta América nuestra. Colombia vive un proceso de polarización inconveniente y preocupante. La agobia la contradicción virolenta entre dos polos opuestos que prefieren la confrontación sobre el acuerdo, es decir, que privilegian la guerra sobre la política.

Las generaciones colombianas de mayor presencia histórica no son las que más alto número de inteligencias registran, sino las que mejor manejan la encrucijada propia de su época. La generación precursora de la independencia y la de la anti-colonia en el siglo XIX; la generación del centenario o la de los Nuevos en el siglo XX.

Los primeros hicieron la independencia, no precisamente con ejércitos sino con cabildos. De la segunda surgió la presencia libertaria del radicalismo. La generación del centenario construyó el espíritu civilista del país y la concepción republicana del Estado. La de los Nuevos hizo posible la república liberal y consolidó una concepción social del derecho. Fueron épocas de transformación y de cambio, que son las grandes épocas de la historia.

Conservar no es un acto de creación sino de rutina. Pero transformar la sociedad exige una responsabilidad intelectual y política que está tan lejos de la rutina conservadurista como de la aventura revolucionaria. Supone un acto de creación con responsabilidad frente al cual se requiere un consenso amplio construido sobre temas básicos, en medio de procedimientos elaborados dentro del derecho. Semejante empresa no es fácil y por eso los miembros del ‘acuerdo generacional’ enfrentan un desafío gigantesco.

Así tuve la oportunidad de expresárselo al joven abogado Rodrigo Pombo, editor del libro mencionado. Jurista, político, profesor universitario, Rodrigo es un hombre valioso para su generación y para el país. Fue él quien seleccionó a veinte políticos jóvenes para entrevistarlos sobre su visión de Colombia –proyectada al año 2030- e inducirlos al compromiso del ‘acuerdo generacional’. El día de la presentación del libro percibí complacencia no sólo entre los jóvenes, sino también entre quienes ya no lo somos.

Un reto de estos jóvenes es asumir el ejercicio de la actividad pública en términos que permitan recuperar la credibilidad en la política. Hay que formar para la democracia, para la ciudadanía, para la participación. Es preciso, además, estimular la creatividad comarcana en un país que sigue sin liberarse de los centralismos. En la provincia colombiana nació la idea del acuerdo en la diferencia, la iniciativa del sufragio femenino, la primera ley de garantías a la oposición. Otro reto para ellos es, entonces, sintonizarse cabalmente con la provincia.

Alguna vez expresó el profesor Antonio García que uno puede engañar a la opinión pública, incluso engañarse a sí mismo, pero no puede modificar las corrientes de la historia a través de un fraude dialéctico. El acuerdo generacional no significa ruptura de ninguno de los jóvenes que lo suscriben, con sus organizaciones políticas. Ni más faltaba. Pero si supone autonomía frente a ellas y –en un momento dado- convertir el acuerdo en acción, independientemente de ellas. Tal cosa no es fácil. Ese es un aspecto más de su desafío.

Como es natural cada uno de los jóvenes que firman el ‘acuerdo generacional’ tiene su propia visión del país y del mundo. Pero ojalá coincidieran en la necesidad  de asumir el proceso de formación de la voluntad política ciudadana en torno a lo que Habermas llama ‘democracia deliberativa’. Y ojalá descubrieran que ese procedimiento democrático tiene inmensas potencialidades si se comienza en el ámbito de la democracia local. Vale la pena debatirlo. En todo caso es muy positivo para el país que, en medio de tanta heterogeneidad de pensamiento, estos jóvenes estén hablando de construir consensos. Enhorabuena.

Ex senador, profesor universitario.

atm@cidan.net

  • Elespectador.com| Elespectador.com

8

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2012