Por: Christopher Hitchens

El “islamofascismo”

El intento del autor conservador David Horowitz y sus aliados de lanzar una "Semana de la toma de conciencia sobre el islamofascismo" en las universidades de Estados Unidos ha tropezado con una variedad de respuestas. Una de ellas es recusar la propia validez del término.

En los círculos universitarios liberales, muchos se burlan y desprecian cualquier comparación entre la ideología fascista y la yihadista, o partidaria de la guerra santa. Se ha dicho, por ejemplo, que el término es injusto o prejuicioso porque no se le aplica a ninguna otra religión. No es cierto. En una época fue muy común, especialmente en la izquierda, anteponer la palabra "fascismo" a la palabra "clerical". Esto se hacía para reconocer el innegable hecho de que, desde España hasta Croacia o Eslovaquia, había una conexión directa entre el fascismo y la iglesia católica romana. En fecha más reciente, Yeshayahu Leibowitz, editor de la Encyclopaedia Hebraica, acuñó el término "judeo-nazi" para describir a los mesiánicos colonos que se desplazaron hacia la ocupada Margen Occidental después de 1967. Entonces, no es necesaria la autocompasión de los musulmanes por ser "individualizados".

El término "islamofascismo" fue usado por primera vez en 1990 en el diario británico The Independent por el escritor escocés Malise Ruthven, quien hizo un trabajo sobre el modo en que las dictaduras tradicionales árabes usan el señuelo de la religión para mantenerse en el poder. Yo no sabía esto cuando empleé el término "fascismo con rostro islámico" para describir el ataque a la sociedad civil el 11 de septiembre de 2001, y para ridiculizar a quienes presentaban el ataque como un tipo de teología de la liberación en acción.

"Fascismo con rostro islámico" tenía como propósito obtener una dual resonancia tanto del líder político checoslovaco Alexander Dubcek como de la intelectual norteamericana Susan Sontag. De todos modos, no puede usarse para propósitos polémicos cotidianos, así que la pregunta permanece: ¿Es que el binladenismo o el salafismo tienen algo en común con el fascismo? Pienso que sí.

Los puntos más obvios de comparación serían estos: ambos movimientos están basados en un culto a la violencia que exalta la muerte y la destrucción y desprecia la vida de la mente. ("¡Muerte al intelecto! ¡Viva la muerte!", tal como lo señaló Gonzalo Queipo de Llano, un aliado del dictador español Francisco Franco). Ambos son hostiles a la modernidad (excepto cuando se trata de conseguir armamento) y ambos muestran una amarga nostalgia por los imperios pasados y las glorias perdidas. Ambos están obsesionados con "humillaciones" reales e imaginadas y sedientos de venganza. Ambos están crónicamente infectados con la toxina de la paranoia antijudía (también, de manera interesante, con su primo más morigerado, la paranoia antimasónica). Ambos son proclives al culto a la personalidad y a subrayar la exclusiva referencia al poder de un gran libro. Ambos tienen un fuerte compromiso con la represión sexual, especialmente con la represión a cualquier "desviación" sexual, a la subordinación de las mujeres y al desprecio por todo lo que sea femenino. Ambos menosprecian el arte y la literatura como síntomas de degeneración y decadencia; ambos queman libros y destruyen museos y tesoros.

El fascismo (y el nazismo) también intentó falsificar el éxito del movimiento socialista de las primeras décadas del siglo formulando llamados pseudosocialistas y populistas. Ha sido muy interesante observar últimamente el modo en que Al-Qaeda intenta falsificar y reciclar la propaganda de los movimientos en favor de la defensa del medio ambiente y en contra de la globalización. No hay una congruencia perfecta.

Históricamente, el fascismo puso gran énfasis en glorificar la Nación-Estado y la estructura corporativa. No hay demasiada estructura corporativa en el mundo musulmán, donde las condiciones suelen aproximarse más al feudalismo que al capitalismo, pero el propio conglomerado de negocios de Bin Laden es, entre otras cosas, una especie de corporación multinacional de delincuentes que tiene ciertos lazos con el capital financiero. Respecto a la Nación-Estado, la demanda de Al-Qaeda es que países como Irak y Arabia Saudita se disuelvan en un gran califato. ¿No hay puntos similares al esquema demencial de la "Gran Alemania" o a la fantasía de Musolini de un imperio romano revivido?

Técnicamente, ninguna forma del islam predica la superioridad racial o propone una raza superior. Pero en la práctica, los fanáticos islámicos operan con un concepto fascista de lo "puro" y lo "exclusivo" por encima de lo impuro y lo "kufar", o profano.

En la propaganda contra el hinduismo podría existir algo similar al prejuicio. En la actitud hacia los judíos, resulta claro que se habla de una raza inferior o impura (por esa razón muchos extremistas musulmanes como el gran muftí de Jerusalén gravitaron hacia el lado de Hitler).

En el intento de destrucción del pueblo hazara de Afganistán, quienes son étnicamente persas como también religiosamente chiítas, hubo también una fuerte indicación de "limpieza". Y, por supuesto, Bin Laden ha amenazado a los soldados del cuerpo de paz de las Naciones Unidas que podrían interrumpir la campaña de asesinato contra los musulmanes africanos que llevan a cabo sus piadosos amigos sudaneses en Darfur.

Esto permite, me parece, mencionar a los dos fenómenos en una palabra compuesta y sugerir que constituyen amenazas comparables contra la civilización y los valores civilizados.

Pero hay un punto final de comparación, uno que de cierto modo es alentador. Los dos sistemas totalitarios de pensamiento sufren de un deseo de muerte. Seguramente no es una casualidad que ambos enfaticen las tácticas suicidas y los sacrificios, como también que ambos prefieran ver la destrucción de sus propias sociedades antes que cualquier compromiso con los infieles o que la disolución de las alegrías de una ortodoxia doctrinaria absoluta. Entonces, aunque tenemos el deber de oponernos y destruir a este y cualquier otro movimiento totalitario similar, podemos estar bastante seguros de que ellos también jugarán una parte inconsciente para conseguir su propia destrucción.

*Columnista de Vanity Fair y de Slate.c.2007 WPNI Slate

Buscar columnista