Opinión |9 Oct 2009 - 11:31 pm

Eduardo Barajas Sandoval

Una izquierda confiable

Por: Eduardo Barajas Sandoval

Cuando izquierda y derecha pueden alternar en el gobierno, sin que nadie se asuste y sin que se afecte la eficiencia en el manejo de los asuntos públicos, bajo una u otra orientación, se está en presencia de una democracia avanzada.

Sobre todo porque los ciudadanos que participan en política tienen la posibilidad de escoger la propuesta que mejor les parezca, sin miedo a quitarle el apoyo cuando comience a fallar.

A pesar de que existe una tendencia general hacia el pragmatismo, que busca convergencias en el centro, no han desaparecido del panorama partidos políticos que se reclamen como de derecha o de izquierda, particularmente en países que tienen aún problemas esenciales por resolver. Si todos juegan dentro de un sistema abierto, en el que se compite con lealtad por el favor popular y se muestran alternativas de gobierno desde plataformas sólidas de pensamiento y acción, los ciudadanos tendrán de dónde escoger y verán a quién apoyan en uno u otro momento. Con lo cual se consolida una práctica que pondrá en evidencia las bondades del libre juego democrático.

La diferencia entre los que han comprendido los beneficios de la alternación y los que siguen el sendero primitivo del autismo y la competencia exterminadora, tiene que ver, sin duda, con la calidad de la dirigencia política. En países de escaso desarrollo tienden a prevalecer aquellos sectores apegados al poder, que jamás son capaces de renunciar a nada, se creen irreemplazables, consideran a todo contradictor como enemigo de la patria y nunca se resignan a pensar siquiera que pueda haber alguien que, desde un punto de vista diferente, ejerza el derecho de ensayar salidas a los problemas públicos por un camino distinto del que ellos se obstinan en transitar.

En democracias un poco más avanzadas aparecen de pronto políticos con mayor madurez, más confianza, menos complejos de debilidad, menos debilidades por aprovecharse del ejercicio del poder a cualquier precio para la sociedad, y mejor sentido de la historia que les toca protagonizar. Naturalmente en estos casos existe un nivel más elevado de conciencia sobre los deberes de los gobernantes y sobre la no personalización del poder. Por lo cual también aparece en el panorama un mayor respeto por la oposición. Entre otras cosas porque de manera sana y paciente saben que lo normal es pasar un tiempo en el ejercicio de la misma, para fortalecerse, en busca del bien colectivo, como alternativa cuando vuelva el turno de gobernar.

Para los países en proceso de búsqueda de instituciones políticas democráticas, el caso de la Grecia de hoy resulta de particular interés, porque se trata de una sociedad que, a pesar de su trayectoria y su significación histórica, ha vivido en los dos últimos siglos un proceso similar al de países como los de América Latina.

La alternación entre conservadores-liberales  y socialistas ha sido una constante desde la restauración democrática de 1974. En ello radican la fortaleza y la viabilidad del sistema parlamentario. Nadie le tiene miedo a la llegada del otro partido al poder. Y ni siquiera los abstencionistas, que son mayoritarios y se caracterizan por detestar a la clase política, como en tantas partes, se inmutan o salen emocionados a las urnas, en medio del alboroto de un susto inducido, para evitar que llegue la izquierda o la derecha, según el caso, al poder.

Constantinos Karamanlís, joven Primer Ministro Saliente, reconoció que las cosas no iban bien y la situación merecía ir a elecciones antes de tiempo, para dar al pueblo la oportunidad de manifestarse sobre la continuidad de su proyecto. Nada de mandar a sus funcionarios al Parlamento a comprar más tiempo, a sentarse indebidamente en las curules que no les corresponden, o a pararse como pastores para atajar votos fugitivos. Nada de aquí me quedo porque soy el que soy.  La manera en la que recibió a Yiorgos Papandreou en el Mégaro Maximou, casa del gobierno, para entregarle el escritorio, los deseos sinceros que manifestó porque el líder socialista tenga éxito, y la serenidad con la que salió del gobierno por la puerta grande, son una de esas lecciones que los gobernantes deben dar a sus pueblos y que marcan mucho el ánimo y la calidad de la vida pública. Conforme a la tradición de una democracia respetable, el jefe de la derecha se fue tranquilo porque dejó el poder en manos de una izquierda confiable.

* Ex embajador de Colombia en Grecia

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