Opinión |30 Ago 2008 - 12:54 am
Evaluación académica
Ecaes en economía 2008
Por: Eduardo Sarmiento
No hay razón para que instituciones con resultados similares tengan diferencias grandes en matrículas.
En días pasados fueron divulgados los resultados de los exámenes de Estado, Ecaes, de economía. En el cuadro (parte superior) se presentan los resultados en las áreas básicas y el promedio de las instituciones de mejor calificación, y se observa que las cifras de las cinco facultades son cercanas y similares a las obtenidas en oportunidades anteriores.
En particular, es interesante la relación entre las facultades de economía de la Universidad de los Andes y de la Escuela Colombiana de Ingeniería (ECI). De acuerdo con bien conocidos métodos estadísticos, los resultados no son significativamente diferentes. Sin ambages, es posible afirmar que el desempeño del estudiante de economía de los Andes y la ECI es similar.
¿Cómo dos instituciones con tantas diferencias estructurales pueden arrojar los mismos resultados? Los Andes fue creada 50 años antes, la matrícula es cuatro veces mayor y el estrato económico es más alto y sus profesores derivan salarios muy superiores. La primera conclusión es que la calidad educativa no es un problema de matrículas ni de remuneración de los profesores. La ECI logró compensar las supuestas desventajas con el programa curricular, el método de enseñanza y asistencia a los estudiantes y el procedimiento de selección.
El programa curricular se aparta de la formación memorista y convencional. Se orienta a dotar a los estudiantes de una formación integral en humanidades, manejo del lenguaje y matemáticas, amplia información sobre los conceptos fundamentales de la ciencia económica y manejo de los procedimientos cuantitativos y cualitativos.
El otro aspecto es la selección. La mitad de los estudiantes ingresa con becas asignadas en convocatorias para los estratos uno y dos. Así, se ha logrado captar los estudiantes de mayor talento de los sectores menos afortunados y propiciar un ambiente de integración y solidaridad que permite asociar y amplificar las fortalezas de ambos grupos.
La gran pregunta es: ¿cuál de los dos modelos es mejor para el país? La respuesta sólo puede abordarse a la luz del contexto nacional.
La calidad de la educación en Colombia deja mucho que desear. El desempeño de la educación media en los exámenes internacionales es insatisfactorio; según el último censo de coberturas de la educación universitaria, es muy inferior a la del resto de países de América del Sur, y el talento educativo está peor distribuido que el ingreso. Los estudiantes de medios y bajos ingresos no pueden ingresar a la universidad pública por la limitación de cupos y a la privada por las elevadas matrículas. Estamos ante una sociedad que no garantiza el derecho a la igualdad de oportunidades en la educación.
La distorsión de la educación, como ocurre en salud y otras áreas de servicios sociales, proviene de la asimetría de la información. Los estudiantes no disponen de mayor conocimiento para escoger la facultad y se basan en rumores y propaganda, y una vez que ingresan a una institución, el costo de trasladarse a otras es alto. En consecuencia, muchas universidades adquieren un poder monopólico que les permite cargar precios por encima de los costos mínimos.
Lo anterior lo ilustra un simple ejercicio aritmético. En general se observa que un grupo de 35 estudiantes que toma cinco cursos por semestre puede ser atenido adecuadamente por el equivalente a un profesor experimentado de tiempo completo y otro de tiempo parcial. Si a los pagos salariales se agregan los márgenes de administración y dependencias físicas, resulta que el costo por estudiante sería del orden de $2 millones por semestre. Esta cifra no guarda relación con la matrícula de $9 millones de los Andes ni de más de $6 millones de otras prestigiosas facultades.
La situación es similar a la de la seguridad pensional. Mientras persistan las actuales cotizaciones y matrículas, la mayor parte de la población no tendrá acceso a la educación superior ni a la seguridad pensional. La única forma de ampliar el acceso a la educación superior es aumentando los cupos de la universidad pública y reduciendo las matrículas de la privada o ampliando las becas a los estratos menos favorecidos.
En este contexto no es difícil responder el interrogante sobre el modelo de referencia. No hay razón para que las instituciones que producen los mismos Ecaes exhiban diferencias de matrículas de cuatro veces. De lejos, el modelo de la Facultad de Economía de la ECI de bajas matrículas o becas, moderados salarios, integración social y audaces programas curriculares y métodos de enseñanza, constituye la mejor solución para ampliar el acceso de los colombianos a la educación superior de calidad.
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