Eduardo Sarmiento 11 Dic 2007 - 2:31 pm

Análisis

El ajuste del salario mínimo

Eduardo Sarmiento

Las deliberaciones del Consejo Laboral arrancaron mal. La primera presentación corrió por cuenta del Banco de la República, que estableció como punto de referencia la meta de inflación fijada por el organismo y recomendó un ajuste del salario mínimo de 4%, inferior a la inflación causada, que será del orden de 5,5%. En lugar de que la meta de inflación y el ajuste de salarios sean resultado del diagnóstico general de la economía, los números surgen de la imposición y los errores continuados del Banco de la República.

Por: Eduardo Sarmiento
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En los últimos 16 años el salario se ajustó sistemáticamente por debajo de la productividad. La determinación se ha trasladado al resto de salarios y ha ocasionado una caída del ingreso del trabajo en el PIB y una ampliación de la brecha salarial. Así, la prosperidad nacional no se ha transmitido a los grupos laborales. En el índice de ventas revelado en días pasados, los alimentos, los farmacéuticos y las prendas de vestir descienden.

En este contexto, lo menos que se le puede pedir a la economía es una elevación del salario real igual al de la productividad. En razón a que en los años recientes la producción creció 6% y el empleo promedio 2%, el aumento de la productividad del trabajo se encuentra cerca de 4%. Y como la inflación causada llegará 5,5%, los fundamentos de la economía están en capacidad de asumir un alza del salario de 9%. Todo lo que se haría sería retribuirle al trabajo su mayor contribución al valor agregado nacional.

Si bien el procedimiento anterior es ampliamente reconocido, en la práctica se deforma con juegos aritméticos. En Planeación y en los centros de estudio cercanos al Gobierno, el cálculo se hace en términos de la productividad total de los factores, que es un promedio ponderado de la productividad del capital y del trabajo. Como la productividad del capital tiende a descender, el estimativo subvalúa la productividad del trabajo, reduciendo su crecimiento de 4% a 2%.

Las posibles dificultades no están en la estructura sino en las deficiencias de la política económica, como es el caso de la revaluación. El ajuste salarial colocaría en una situación crítica las actividades exportadoras y de sustitución de importaciones, que han sido seriamente lesionadas por la apreciación; de suyo, acentuaría el déficit en cuenta corriente. Por lo demás, propiciaría la sustitución de mano de obra por bienes de capital y materias primas importadas, lo que afectaría negativamente el empleo. Así las cosas, el ajuste salarial está condicionado a intervenir en el mercado cambiario para revertir la revaluación.

¿Y que hacer con la inflación? ¿Es posible que el ajuste del salario y del tipo de cambio presione el índice de precios al alza? Claro, pero eso ya ocurrió. La inflación actual es un resultado artificial ocasionado por el ajuste del salario por debajo de la productividad y la revaluación del tipo de cambio que ha generado un déficit insostenible de la balanza de pagos. Si los trabajadores hubieran recibido lo que producen y el tipo de cambio estuviera en línea, la inflación seria más alta. Estamos ante la típica inflación reprimida que no corresponde a la realidad. De seguir con el mismo manejo, los ingresos laborales continuaran deteriorándose, deprimiendo los consumos masivos y el déficit en cuenta corriente llegaría a nivel de colapso. En realidad, la incongruencia no está en el ajuste de salarios y en la devaluación del tipo de cambio, sino en la meta de inflación establecida por el Banco de la República.

El Banco de la República estableció al final del año pasado una meta de inflación del 4,5%, y a pesar de que en enero era evidente que no se cumpliría, la mantuvo durante el primer semestre. Luego, en octubre a regañadientes reconoció que la inflación llegaría a 5%, y ya en noviembre la predicción fue controvertida por las cifras del DANE, y nada de esto ha sido óbice para que con el mismo criterio se fije una meta entre 3,5% y 4,5% para el próximo año. Ahí no termina la cadena de equivocaciones. En la primera reunión del Consejo Laboral, el gerente propuso un aumento del salario mínimo del 4%, desconociendo toda la jurisprudencia de la Corte Constitucional que ordena que el ajuste no puede ser inferior a la inflación causada, que estará cerca de 5,5%

Esta actitud de Banco de la República arruinó el diálogo al ponerle un piso inconstitucional al margen de discusión. Ante semejante despropósito, los empresarios y el Gobierno posarán de generosos concediendo un ajuste por debajo de la productividad, por ejemplo 6,5%.

El examen de la realidad ofrece un panorama distinto. Es perfectamente posible elevar el salario mínimo en 9%. Otra cosa es que la viabilidad de la recomendación esté condicionada a un cambio en la concepción del Banco de la República encaminada a elevar el tipo de cambio y revisar la desacertada meta de inflación.

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