Eduardo Sarmiento 1 Nov 2008 - 10:00 pm

La crisis no ha sido asimilada por las autoridades de la región

La teoría para América Latina

Eduardo Sarmiento

Las autoridades económicas de la región mantienen las tasas de interés más altas del universo.

Por: Eduardo Sarmiento
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La tendencia general de las celebridades es cuestionar los resultados de las economías, atribuir los errores a la aplicación y continuar con las mismas teorías. Los fracasos de las instituciones y las concepciones fundamentales solo se reconocen cuando ocurren los desastres, como sucedió la semana pasada con Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal por 19 años.

Greenspan, el Maestro infalible, el mentor de los cinco premios Nobel otorgados por la concepción de los bancos centrales autónomos, reconoció que se equivocó en la conducción de la política económica de E.U, porque la teoría de que los mercados se autorregulan no se valida en la realidad. Así, los mercados financieros están expuestos a grandes alteraciones que rompen el flujo del ahorro a la inversión y se auto refuerzan, provocando la quiebra en las instituciones financieras y precipitando las economías en recesión. Las políticas monetarias de control de la liquidez, como las tasas de interés y el de crédito, resultan infructuosas para regular las economías y enfrentar crisis como la existente.

Es precisamente lo que se observa en las circunstancias actuales. Los gobiernos han procedido a intervenir los patrimonios bancarios para sustituir los capitales perdidos y asegurar el suministro regular del crédito, y más aun, han movilizado el crédito hacia las empresas comerciales industriales para promover su aceptación. Los bancos centrales quedan relegados como simples proveedores pasivos de emisión para atender los grandes planes de rescate de los gobiernos y su credibilidad está por el piso.

El arrepentimiento de Greenspan no ha conmovido a los bancos centrales de América Latina, que lo siguieron e imitaron en las buenas épocas. Las autoridades económicas mantienen las tasas de interés más altas del universo para luchar contra una inflación que viene del exterior y dejó de existir hace varios meses. Se resisten a entender que la caída del crecimiento económico del último año y medio es la consecuencia de sus propias deficiencias; la explosión de los mercados financieros y la desvalorización de los activos quebraron la consistencia macroeconómica entre el ahorro y la inversión y la política monetaria contractiva la agrava. Las economías se dirigen a estados recesivos que se refuerzan y se verán amplificados por el efecto contagio de las economías desarrolladas.

El contagio tendrá su principal manifestación por conducto del sector externo. La experiencia muestra como las crisis de los países desarrollados se dan en los sectores financieros y en las economías emergentes suceden en los mercados cambiarios. La apertura comercial hizo las economías latinoamericanas más dependientes de los recursos naturales y, como sucedió en el pasado, las alzas de sus cotizaciones son seguidas por caídas más pronunciadas. Por lo demás, las economías fueron impulsadas por entradas de endeudamiento e inversión extranjera, que están saliendo y buscando destinos más seguros. Estas falencias estructurales en el modelo de desarrollo han transformado la abundancia de divisas en escasez, y se manifiestan en severas devaluaciones que reducen el salario real y propician traslados de los activos financieros que causan serios trastornos de liquidez. A la contracción del mercado interno ocasionado por la desvalorización de activos y la reducción del crédito, se agrega el resquebrajamiento del mercado externo.

El panorama de Colombia no es claro. El déficit en cuenta corriente de la balanza asciende a 2.6% del PIB y si se corrige por la sobrefacturación de exportaciones puede superar el 4%. En tales condiciones, la caída de las exportaciones a Estados Unidos y  Venezuela y la baja de los precios de las materias primas resultaríanr en una vulnerabilidad de la balanza de pagos que trastorna y frena la actividad productiva.

La crisis mundial no ha sido asimilada por las autoridades de América Latina. Los hechos se han encargado de confirmar que los mercados financieros son estructuralmente inestables (no se autorregulan), las medidas de liquidez, e incluso de recuperación del capital y el crédito, no los controlan  y el libre comercio y los estímulos a la inversión extranjera no suministran una base sólida de generación de divisas. A la luz de esta teoría, se plantean grandes reformas institucionales en la región para movilizar masivamente el ahorro sobrante, disipar el riesgo de crisis cambiaria y avanzar en una estructura industrial que asegure la estabilidad de la balanza de pagos, el empleo y el crecimiento sostenido.

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