Por: Ernesto Yamhure

El procurador Ordóñez

LA INMINENTE E IMPARABLE ELECción de Alejandro Ordóñez como próximo Procurador General de la Nación ha despertado toda suerte de pasiones en algunos periodistas ateos que han aprovechado esta coyuntura para despachar soterrada y cobardemente su ira contra la Iglesia Católica.

Decía Gilbert Chesterton: lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo. No se equivocaba este escritor británico, sobre todo cuando se registra a los enemigos de Ordóñez apelando a la mentira ruin para descalificarlo, tocando fronteras impensables como cuando aseguran que en alguna ocasión recogió los libros “impíos” de cierta biblioteca para luego quemarlos en un rito evocatorio de la Edad Media.

El examen se ha limitado a la valoración de las creencias religiosas para hacer de éstas un pasivo. La gran lucha que históricamente han dado los librepensadores y los liberales de espíritu ha sido, precisamente, la de lograr que en nuestra sociedad impere la autonomía religiosa. Desde 1991, cuando Dios fue sacado a patadas de la Constitución, Colombia dejó de ser el Estado clerical sobre el que fue erigida la República, cediéndole el paso a una grey de sujetos que ahora fungen como pastores de espíritus. Quienes no estamos de acuerdo, simplemente lo respetamos porque en materia de fe, la libertad del individuo debe ser absoluta e inviolable.

Pero la artillería de los antagonistas del Procurador es infinita y su capacidad de hacer daño es incalculable. Gastaron su tiempo diciendo que su fervor religioso es una amenaza para la estabilidad de la sociedad. Lástima que quienes estiran el dedo acusador sean ciudadanos con una solvencia ética muy cuestionable. Son personas que, cegadas por sus propios fundamentalismos, han violentado los límites de la cordura y de la verdad, cayendo en afirmaciones injuriosas e irresponsables que atentan contra la unidad familiar de Ordóñez.

Pero lo esencial ha pasado de agache. Me refiero al análisis de las condiciones profesionales de este abogado que, como profesor universitario durante más de 33 años, magistrado del Tribunal de Santander y Consejero de Estado, ha dado sobradas muestras de capacidad. Valdría la pena que los atemorizados por su designación le mostraran al país un párrafo de alguna de sus más de veinte mil providencias en el que se violenten los derechos fundamentales de algún ciudadano.

Si Alejandro Ordóñez fuera un troglodita, difícilmente habría sido designado director de los departamentos de derecho público de varias universidades del país, o elegido presidente del Tribunal de Santander, ni mucho menos presidente del Consejo de Estado en 2004.

Lo importante, lo primordial de la llegada de este nuevo Procurador General de la Nación es que con él brillará un nuevo día y cesará la horrible noche del dúo integrado por Maya Villazón y Gómez Pavajeau.

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Detestables los abusos que está cometiendo la empresa Gas Natural con miles de usuarios, desde el estrato uno hasta el seis, a quienes abusivamente les están cortando el servicio con el fin de obligarlos a pagar exorbitantes sumas de dinero por la reconexión, inventándose toda suerte de historias para justificar un comportamiento que merece ser calificado de criminal.

Mientras esa compañía violenta alevosamente los derechos de los usuarios, la autoridad competente guarda silencio.

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