Por: Héctor Abad Faciolince

Patria y patriotería

SE VE QUE EL SENADOR ÓSCAR REYES, del glorioso partido Convergencia Ciudadana, es un desocupado; no tiene nada importante que hacer. En sus horas de ocio, entonces, se ha dedicado a redactar un proyecto de ley para que todos los colombianos nos pongamos de pie, en posición firmes, cada vez que se oigan las notas del Himno Nacional, y además nos llevemos la mano derecha al corazón, “según el ejemplo del señor Presidente y de los futbolistas”.

Su proyecto no contempla penas de cárcel para quienes no cumplan este precepto, pero sí sanciones disciplinarias. A los infractores se nos obligará a seguir un cursillo cívico sobre cómo honrar los símbolos patrios.

Vean esto: de los seis congresistas que tiene Convergencia Ciudadana, el luminoso partido del brillante senador Reyes, cuatro están investigados por parapolítica y uno está detenido por el mismo delito. Evidentemente el patriotismo, para ellos, no consiste en combatir a los paramilitares o por lo menos en no aliarse con los peores criminales del país, sino en cantar fervorosamente el Himno Nacional. Su actitud se me parece a la de esos católicos que cometen todos los pecados, que desconocen las buenas obras, pero que, eso sí, viven rezando en público ostentosamente. Ante estos alardes patrioteros hay sólo dos posibilidades: o son idiotas o nos creen idiotas.

Es evidente que el patriotismo, para muchos políticos en este país, consiste en obligarnos a izar la bandera y a oír la marcha de don Oreste Sindici. Ya hay una norma ridícula (e inconstitucional, creo yo) que obliga a todas las emisoras de radio, so pena de cierres y sanciones, a poner el Himno Nacional a las seis de la mañana, a las doce del meridiano y a las seis de la tarde.

Con la nueva ley, a esas mismas horas, todos los ciudadanos deberíamos abandonar cualquier ocupación, ponernos tiesos como un palo y sentir en el pecho de qué manera se nos estremece de amor esa víscera llamada corazón. Eso va a ser como el llamado a la oración desde los alminares en los países islámicos. Grita el muecín, y todos a rezar; entona el senador Reyes, y todos firmes a cantar.

Puro patrioterismo ridículo. El verdadero patriotismo consistiría, por ejemplo, en pagar los impuestos sin robar. O en que los latifundistas no pagaran el impuesto predial según los avalúos amañados del catastro del pueblo, sino según el verdadero valor comercial de sus fincas. O que los hacendados incluyeran sus reses en la declaración de renta. ¿Cuántos de estos patriotas que cantan a los gritos el Himno llenan el espacio que dice “semovientes”? Obligarlos a hacer esto sería una medida mucho más patriótica que la del símbolo absurdo de ponernos firmes con una marcha marcial.

Patriotismo, y no patrioterismo, sería preocuparnos porque todos los colombianos, en uno de los países más ricos en agua del mundo, tuvieran por lo menos agua potable. Aquí, ni siquiera en la capital de uno de los sitios más lluviosos de la tierra, el Chocó, hay un acueducto digno de ese nombre. Pero que fuera sólo en el Chocó… En el mismo municipio donde tiene su residencia privada el señor presidente, Rionegro, otra región rica en ríos y en lluvia todo el año, el agua que se toma está contaminada. Ni siquiera en su propia casa el Presidente puede abrir la llave y tomar agua, porque allí el agua no es potable. Pero patriotismo, para nuestros politiqueros patrioteros, no es hacer acueductos, sino entonar con arrobo el Himno Nacional.

Me voy a permitir ser patético, y ustedes me perdonarán si les parece verdad: no se nos puede pedir entusiasmo y alegría ante el Himno, si lo que tenemos no es una verdadera patria. Patria es el país soñado por nuestros padres, el lugar donde los niños no se mueren de disentería porque no hay agua potable. La patria no es un trapo ni es un canto, sino el esfuerzo por construir un país mejor.

El que tenemos todavía no es digno de gloria inmarcesible ni de júbilo inmortal. El bien no ha germinado. Si los gobernantes nos quieren ver cantando con ellos, que hagan lo que tienen que hacer. Mientras siga el espanto de senadores paramilitares, este patrioterismo de himnos y banderas no será más que hipocresía y retórica vacua. Que cante firme el senador Reyes y se ponga la mano en el pecho; yo prefiero dedicar mi tiempo a actuar con el corazón que a tocarme el corazón.

 

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