Opinión |8 Feb 2010 - 10:16 pm

Hernán Peláez Restrepo

LA COLUMNA DE PELÁEZ

Lo que vi

Por: Hernán Peláez Restrepo

Casi todos los actores del fútbol profesional utilizan una palabra sencilla, lógica e innecesaria si se quiere: trabajar. Se cae de su propio peso, porque a los profesionales en cualquier área les pagan por hacer un oficio. La palabra desgastada ya está perdiendo peso.

Por lo que vi, las zonas defensivas de Millonarios y Nacional se pueden dar la mano y abrazarse. Mientras esas líneas no repitan una y otra vez ejercicios sincronizados, seguirán en las mismas. Una de las claves, para recordar, del éxito del Nacional a finales de los 80 y de la selección de Colombia, fue llevar un esquema defensivo memorizado, con tareas claras para los laterales y el juego de la pareja de centrales, amén del aporte del arquero Higuita.

Esas líneas posteriores pasaban horas enteras trabajando, moviéndose al unísono y seguras de ir resolviendo las alternativas del ataque contrario.

No sé si los pelados Del Risco, Perlaza, Henríquez y el veterano Casierra lo hagan. Por lo pronto, mientras empiezan a trabajar, se hace necesario conseguir un defensa central de peso, de jerarquía, que hable, ordene, oriente.

La de Nacional en su derrota ante el Medellín tiene la disculpa de haber sufrido la expulsión de Mosquera, pero también en los días de Humberto Mendoza y Andrés Orozco se vivían idénticos momentos de zozobra.

La buena cantidad de goles vistos en estas dos primeras fechas podría ser reflejo del acierto de los goleadores y de los buenos ejecutantes de tiros libres, como Marangoni y Milton Rodríguez.

Ahí nace el eterno dilema en el fútbol, los goles son producto de jugadores geniales o generalmente encuentran cómplices en los defensas. Ambas advertencias son válidas.

Pero si tanto Nacional como Millonarios carecen de lo que se conoce como volumen de ataque, así figuren delanteros, al menos deberían ofrecer una solidez defensiva, para buscar empates. Pero defienden mal y atacan con desorden.

Sin embargo, volvió el fútbol a dar la razón a quienes piensan y hacen jugar a los compañeros. Tressor Moreno maneja estupendamente el concepto del pelotazo y exhibe categoría en el manejo del mismo.

Michael Ortega juega y hace jugar a sus compañeros del Cali. Ómar Pérez luce lento, casi dormido, aunque cuando recibe el balón sabe a quién entregarlo. Ellos están muy por encima del nivel medio del torneo. Así como los arqueros Bobadilla y Prono Velásquez.

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Opiniones

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cuchavieja

Mar, 02/09/2010 - 13:54
Bueno y ahora que Millos esté en la B, de que carajos irá a hablar Hernan y por otro lado es cierto que Maicol Ortega es bueno, pero solo ha jugado un partido y ya Hernan dice que su nivel está por encima del promedio del torneo, o sea que si hubiese venido a Pereira y enterada de que repitió en Barranquilla, Martín Arzuaga del Junior es un astro comparados con los demás jugadores del torneo
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Alberto V. Velasquez

Mar, 02/09/2010 - 13:02
Ché Hernán, vos el del afectuoso abrazo y la acogida, el de café servido declinás hablar de aquello que el ojo avezado, más por canero que por piola, ya conoce -ya memorizó- . Conmovedor lo dicho por Juilio Comesaña: las instalciones del Racing uruguayo niegan el paso del tiempo: la misma casita que él conoció sigue siendo la modesta sede de concentraciones; el viejo y destartalado camión, único soporte de su departamento de transportes. ¿Qué es lo plausible de nuestro fútbol -lo nuevo o lo vigente propio, lo digno de preservar- y que ásperamente admite tu prolijo sondeo de actuales tesoros? Como los niños, hace 50 años: las canicas, los trompos, el album con las imágenes descoloridas de futbolistas, el autógrafo del ídolo, guardadas en el rincón personal. Qúe macana, Peláez: lo que hoy
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Alberto V. Velasquez

Mar, 02/09/2010 - 13:01
vos ves y subrayás, mañana mismo se invisibiliza. Como esas tediosas y repetidas presentaciones en cualquier aparatejo reproductor de imágenes que llenan su memoria de disco duro con cientos de MGbites e incitan a no saborearlas con lenta fruición. "Lo que vi" es presa fácil de este nuevo instinto humano, advenimiento de perversa alienación, frenética automatización que con nada se sacia el: "zapping". El transunto que da vida a este merequetengue de olvidos rápidos se te oculta: los equipos colombianos se apean de la Libertadores apenas tomado el tren de la competencia, las contrataciones que no son otra cosa que incestuosos traspasos, las mañas indómitas de dirigentes, la sed de empresarios y la enajenación de los párbulos futbolistas nutren este tríptico donde vos ves maravillas, ché.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 02/09/2010 - 12:41
Ché Hernán, vos el del afectuoso abrazo y la acogida, el de café servido declinás hablar de aquello que el ojo avezado, más por canero que por piola, ya conoce -ya memorizó- . Conmovedor lo dicho por Juilio Comesaña: las instalciones del Racing uruguayo niegan el paso del tiempo: la misma casita que él conoció sigue siendo la modesta sede de concentraciones; el viejo y destartalado camión, único soporte de su departamento de transportes. ¿Qué es lo plausible de nuestro fútbol -lo nuevo o lo vigente propio, lo digno de preservar- y que ásperamente admite tu prolijo sondeo de actuales tesoros? Como los niños, hace 50 años: las canicas, los trompos, el album con las imágenes descoloridas de futbolistas, el autógrafo del ídolo, guardadas en el rincón personal. Qúe macana, Peláez: lo que hoy

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