Opinión |8 Oct 2009 - 9:40 pm
La campaña del odio (II)
Por: Juan Gabriel Vásquez
HABLABA YO HACE 15 DÍAS DEL RAcismo puro como ingrediente esencial de la oposición a Obama, y hablaba de la inocencia terrible de creer que los carteles del Presidente convertido en hechicero africano, vestido de plumas y cruzado de piernas, salen de una íntima y democrática preocupación por las tradiciones fiscales norteamericanas.
No: la tensión es racial. Quien haya seguido la campaña de 2008 recuerda, por ejemplo, los rumores sobre la grabación en que Michelle Obama hablaba mal de los blancos; luego vino el desastroso arresto de Henry Louis Gates, profesor negro de Harvard, y los comentarios de Obama sobre el agente blanco que hizo el arresto. Obama invitó al policía blanco y al profesor negro a una cerveza (rubia) en la Casa (Blanca). Pero la borrachera se las dieron los medios de extrema derecha, y por esa época tomaron un impulso que ya no paró nunca.
“Medios de extrema derecha”: léase básicamente Rush Limbaugh, anfitrión de un programa de radio, y Glenn Beck, de la Fox. Junto a un par de nombres más —Bill O’Reilly, también de la Fox, o Lou Dobbs, el anfitrión de un programa de la CNN con marcadas tendencias antiinmigración—, éstos son la fuerza detrás de la rebelión obamafóbica. Sin ellos y sus micrófonos, el asunto no pasaría de ser una instancia más de la América oculta, la del Ku Klux Klan, los nostálgicos de la bandera confederada y el integrismo cristiano. Así que quienes tienen duda sobre el contenido racial del tema pueden referirse a ellos. Y ver a Rush Limbaugh, por ejemplo, cantar “Barack, el negro mágico”. O a Glenn Beck, un tipo famoso por pedir a su público que rece: “Obama ha demostrado una y otra vez que siente un odio profundo por la gente blanca”. O vayan a Lou Dobbs, responsable indirecto de uno de los lados más elocuentes de lo que está sucediendo. En julio, algunas reuniones de opositores acabaron con la gente (blanca) agitando en el aire su partida de nacimiento y exigiendo a Obama que mostrara la suya. Dobbs le dio voz a semejante imbecilidad sugiriendo en su programa que el presidente podía ser un inmigrante ilegal. Así, más o menos, nacieron los “Birthers”.
Los “Birthers” son una subespecie de los obamófobos que se han concentrado en una estrategia de descrédito tan barata como eficiente: sembrar la duda sobre los orígenes del presidente. En una revista que leí, estando todavía en Estados Unidos, el periodista Philip Weiss hace una reseña muy completa del movimiento. Poco importa que los periódicos de Hawaii hayan recogido el nacimiento de Barack Obama en agosto de 1961; poco importa que Factcheck.org haya ido a las oficinas de la campaña en Chicago para fotografiar el documento y constatar su autenticidad. Internet es el hábitat ideal para los rumores, porque allí no hay que probar nada: basta con sugerirlo. Y la sugerencia de Dobbs dio autoridad a las paranoias dormidas de los racistas, que Weiss recoge en su artículo. Un comentario me gustó especialmente: “Estados Unidos es grande por su diversidad, pero sólo cuando esa diversidad es voluntaria”.
Estos opositores de Obama me hacen pensar en un texto poco conocido de Mark Twain, Conversaciones con Satán. El narrador le pregunta al diablo si no conoce bien Estados Unidos, y él responde. “Hace tiempo que no voy. No me necesitan mucho por allá”.
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