Opinión| 13 Ago 2008 - 8:51 pm
Hiroshima, crimen imperdonable
Por: Klaus Ziegler
La pesadilla comenzó el lunes 6 de agosto de 1945. A las 8:15, el Enola Gay, un bombardero B-29, dejó caer encima del Hospital Shima una bomba de uranio 235, bautizada con el inofensivo nombre de Little Boy.
Al intenso fogonazo le siguió un gigantesco hongo que ascendió con lentitud en el cielo. Instantes después de la explosión, los sobrevivientes, aturdidos, con la piel colgando en jirones, deambulaban en medio de las ruinas calcinadas, creyendo seguramente que el fin del mundo había llegado con su lluvia de fuego.
Los más afortunados se volatilizaron y sus espíritus subieron a los cielos confundidos con el hongo oscuro de la muerte. Otros quedaron convertidos en sombras fantasmales estampadas en las paredes. El número total de víctimas ascendió a más de 250.000.
La justificación oficial que se les ha dado a los horrendos crímenes de Hiroshima y Nagasaki descansa sobre una grotesca ficción: que las bombas eran necesarias para evitar la muerte de medio millón de soldados americanos, si se hubiese decidido llevar a cabo una invasión a gran escala. Pero, como consta en documentos oficiales, el número de posibles bajas americanas calculado por los estrategas militares nunca habría superado 50.000 en el peor de los escenarios.
Medio millón es más del doble del número total de bajas americanas en toda la II Guerra Mundial, y esta cifra ha sido una falsedad repetida durante décadas para justificar una acción bárbara e innecesaria, aun por altos oficiales americanos, incluyendo a Eisenhower y a MacArthur.
La falacia del argumento puede entenderse mejor cuando cambiamos de victimario. Si con el fin de minimizar el número de bajas soviéticas en las batallas finales de la II Guerra Mundial el ejército rojo hubiese decidido usar como mecanismo de coacción el exterminio de la población civil de regiones enteras de Alemania, en caso de no firmarse una rendición inmediata, dichos actos serían considerados hoy crímenes de lesa humanidad, imperdonables e injustificables.
Si la justicia se aplicara por igual a vencedores y a vencidos, Truman sería hoy recordado no como un héroe, sino como lo que realmente fue: uno de los peores genocidas de la II Guerra Mundial, un criminal responsable del asesinato de casi medio millón de civiles japoneses.
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Klaus Ziegler
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KLAUS ZIEGLER dice "...soldados americanos...bajas americanas...oficiales americanos..." y da la sensacion de que el continente americano todo el continente americano deben sentir culpa por este horror. Pero que yo sepa la bomba atomomica la soltaron los estadounidenses y no el continente americano y le recuerdo al señor klaus ziegler y todos que AMERICA NO ES UN PAIS. NO. AMERICA ES UN CONTINENTE FORMADO POR MUCHOS PAISES. Los argentinos, colombianos, mejicano, canadienses... tambien son americanos . todas las personas nacidas en el continente americano son americanos y no solamente los estadounidenses como equivocadamente se cree.
Ahí está el detalle, cómo decía Cantinflas. El problema con la guerra es que la historia la escribe el vencedor y el vencido paga con sus vida los horrores que trae consigo la guerra. Si Alemania o Japón hubieran ganado, Truman, Eisenhower y MacArthur habrían pagado con sus vidas y en vez de ser vistos cómo héroes por sus partidiarios y si hubiera justicia, Truman, por lo menos, debió haber sido ajusticiado por tan grande crimen. Si la muerte de Gaitán es un magnicidio, no hay palabra que exprese este crimen que quedó en los anales de la historia cómo la tragedia más grande y lo peor es uqe viene de dizque un pais demócrata y Cristiano, o sea, la antitesis de ambos. Para ajusticiar a los responsables, no debería haber distinción entre vencedores y perdedores.
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