Lorenzo Madrigal 28 Dic 2008 - 6:11 pm

Dos hechos

Lorenzo Madrigal

ME REFIERO A DOS HECHOS POSITIvos. Aunque la palabreja “positivo” me fastidia bastante. Es usada para falsos positivos, también para resultados de laboratorio, no precisamente los mejores, y por lo general, para endulzar esfuerzos humanos, en una especie de autoengaño.

Por: Lorenzo Madrigal
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Durante el año que termina, dos hechos buenos, excelentes, impresionan: la liberación del niñito Emmanuel, zafado de la guerrilla por un afortunado descuido y devuelto a su madre en un episodio de ficción. El otro es la no menos sorprendente liberación de Íngrid Betancourt, que emocionó tanto a Colombia y de la cual algunos parecen estar cansados.

El caso Emmanuel, que habla maravillas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y que le dio un triunfo internacional al Gobierno de Colombia, de manera limpia y sin esguinces, es un hecho maravilloso del año, ocurrido en sus comienzos.

El rostro del chiquillo ha ido apareciendo ante la opinión pública de manera paulatina, primero los ojitos que mostró la revista Semana; luego reporteros gráficos fueron sorprendiendo a la madre y al niño, hasta aparecer hoy en portadas de revistas, sin reato alguno.

Debo reconocer mi emoción renovada cada vez que lo puedo abrazar de corazón en las publicaciones, agradeciendo al cielo esta recomposición de la armonía entre una madre, prototipo natural de su condición, y su hijito, retoño que brotó en la manigua, como expresión incontenible de la vida.

La libertad de Íngrid, a la que veíamos casi morir ante nuestros ojos, estremecidos por la crueldad de sus captores, fue sin duda lo más inesperado que ocurrió en el curso del año. Yo no puedo entender el extraño sentimiento que se ha despertado después, como de rechazo a su presencia en escenarios internacionales, con evidente éxito y reconocimientos que han abundado, por su estoicismo heroico y el espíritu humano que mostró en las comunicaciones que se conocieron con su madre y sus hijos.

Pese al horrendo secuestro de seis años —y es una paradoja— hay que agradecer que Íngrid no hubiera sido asesinada, como por tremenda desgracia ocurrió con los diputados del Valle, en poder de los mismos captores, o con Doris Gil y Helmut Bickenbach o con el gobernador de Antioquia y el ex ministro Gilberto Echeverri. O con Argelino Durán o Raquel Mercado y, si nos remontamos a secuestros mundiales, históricos si se quiere, con la muerte en cautiverio del hijo de Lindbergh.

* * *

Objetan algunos la presencia de la Cruz Roja Internacional en la liberación anunciada de algunos secuestrados. Se dice que el operativo ‘Jaque’, que usó sus símbolos, es un mal recuerdo para su credibilidad en el conflicto.

Pero, al mismo tiempo, se olvida que tampoco podrían usarse los helicópteros venezolanos, que producirían entre los captores la misma equívoca sensación de no saber si están actuando ante el amigo Rodríguez Chacín o ante tropa colombiana, camuflada en ellos.

Un positivo año.

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