Opinión |30 Sep 2009 - 10:54 pm

María Teresa Herrán

Escarbando

Por: María Teresa Herrán

LOS RESULTADOS DE LA CONSULTA  partidista  interna demostraron que la abstención, como se le quiera explicar, es sin embargo la más persistente de las enfermedades de  nuestra democracia.

¿Qué sigue? Ojalá que no nos saturen con el ¿ahora quién?, pues en buena parte  estimula esa abstención. Ello tendría varias consecuencias nefastas:

Se refuerza la obsesión caudillista, de tal manera que el punto de referencia seguiría siendo el presidente Uribe, y no lo que se necesita hacer hacia el futuro en un país en el que han aumentado las desigualdades sociales y que sigue permeado por el narcotráfico.

Con un cubrimiento exacerbado de los  todavía caudillitos en ciernes, los medios propiciarían un mayor endiosamiento del  presidente Uribe, lo cual impediría recordar que cuando era senador o gobernador de Antioquia, no era un ser excepcional ni tenía una inteligencia superior a la de los actuales contendores, como pretenden ahora los que creen que no hay con quien.

Como en el cuento de García Márquez,  se produciría así la reelección anunciada, porque esa obsesión por los acuerdos interpartidistas sobre candidaturas lleva a  no ocuparse de otras temáticas como la corrupción administrativa, cómo se saneará Familias en Acción, Agroingreso Seguro, o el desastroso ejercicio de ministerios como el de Justicia, Transporte y Protección Social.

Una lógica de confrontaciones inocuas sobre el “quién” diluye otro problema de fondo: ¿queremos o no queremos que la  Constitución se manosee cada vez que el caudillo de turno pretenda perpetuarse en el poder?

Minimizar la importancia de fortalecer las estructuras partidistas avalaría la tesis de Noemí Sanín, del oficialista Partido Conservador y de Germán Vargas Lleras, en el sentido de que la democracia consiste en no dejarse contar, utilizar los votos de los caudillos para fortalecer su propio caudillismo, lo que no es propiamente lo que los ingleses llamarían “fair play”.

En vez de desgastarse de esa manera, hay que obligar a los que están en la arena política a corregir los errores tanto propios como ajenos. Y ya es hora de que los encuestadores se inventen preguntas distintas de: ¿cuál de los candidatos le gusta más?

mariateresaherran@hotmail.com

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