Opinión |18 Dic 2008 - 8:28 pm
Sirirí
Fumar, no; dosis personal, sí
Por: Mario Fernando Prado
COMO DICE LA CANCIÓN DE LOS SEsenta, “es prohibido fumar” y ello cobija ya no sólo buses, aviones y trenes, sino además bares, restaurantes y toda suerte de lugares públicos.
Sin embargo, la tristemente célebre dosis personal de marihuana y otras sustancias psicotrópicas no tiene el estricto control y/o la prohibición que padecen los cigarro-adictos.
Es decir y en buen romance: no hay ley que exija a una persona que no se fume su cachito, ya sea en una buseta o en un aeropuerto o en un terminal de transportes, entre otros.
Y cuidado con intentar negarle este derecho a esa persona. Con el argumento de que se le está coartando el libre desarrollo de su personalidad, lo manda a freír espárragos.
Las leyes entonces debieron ponerse de acuerdo. O si o no para ambas “aspiraciones”. Pero eso de tener que aguantarse a un(a) maracachafo(a) y cosas peores porque si no se le está violentando su derecho a la libertad (!), es un exabrupto.
Dicen que igual sucede con quienes se entregan a las pasiones carnales dentro de un vehículo: mientras que no estén haciendo escándalos ante los ojos del público no hay norma, ley o decreto que les impida tal intimidad.
Los fumadores, especie en vía de extinción, son insoportables. No sólo porque el humo se pega hasta en el pelo e impide la respiración, sino por el tufo y/o aliento matapasión que expelen a toda hora, así lo disfracen con puros, tabacos y pipas: nicotina es nicotina. Allá ellos con sus enfisemas y sus dedos y dentaduras acabados. Pero que no se metan con uno y con el medio ambiente.
Y otra cosa: ¿por qué no abolir la vagabundería esa de la dosis personal que no es más que una patente de corzo para que los mercaderes del vicio trafiquen sus porquerías?
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