Opinión| 16 Ago 2008 - 2:55 am
Y seguirán bajando…
Por: Mauricio Botero Caicedo
No se necesitaba ser un Nobel de Economía para haber pronosticado que los precios de los commodities bajarían. Por más que suene reiterativo, es necesario que los gobiernos y los formadores de opinión entiendan que la única cura para los altos precios son los altos precios; y para los bajos precios son los bajos precios.
En ausencia de monopolios e intervenciones estatales, los altos precios hacen que entren nuevos jugadores al mercado, incrementando la oferta; y que los compradores sustituyan parcialmente su consumo, disminuyendo de esta manera la demanda. La combinación de estos dos factores presiona los precios a la baja. Por el contrario, los bajos precios inducen a que algunos productores se retiren del mercado, disminuyendo la oferta; y simultáneamente que aumente la demanda por parte de los consumidores, lo que conlleva a que se incrementen los precios.
Muchos gobiernos, lastimosamente, se resisten a aceptar que la oferta y la demanda se ajustan automáticamente; y por medio de variados mecanismos, incluyendo los controles de precio, tratan de inducir que aumente la oferta y bajen los precios. En general, no sólo sus esfuerzos son ineficaces, sino que alargan las crisis y someten a los consumidores a innecesaria escasez y evitables e incómodos racionamientos.
La baja en los precios, especialmente de los alimentos, ha puesto en entredicho dos tipos de formadores de opinión que con toda la solidez de su ignorancia exponían tesis tan falsas como pobremente razonadas:
Los primeros son los llamados “Profetas del Apocalipsis”, que en su inmensa mayoría son los hijos del reverendo Thomas Malthus, científico inglés, quien en el siglo XIX pronosticó un hambruna irreversible. Más recientemente, el llamado “Club de Roma” publicó en 1968 Los límites al crecimiento, libro en el que pronosticaban la hecatombe económica y alimentaría. A pesar de que la población mundial se ha triplicado desde 1950, prácticamente ninguna de las predicciones de estas aves de mal agüero se ha cumplido, lo cual no ha desanimado a los neomalthusianos.
A raíz de las recientes alzas en los precios de los alimentos y las materias primas, los modernos augures, entre ellos el Banco Mundial, pronosticaron que los precios seguirían altos hasta 2016. Los profetas del desastre también advertían que las hambrunas se extenderían por los cinco continentes. Nunca se detuvieron a analizar que el problema de fondo no estaba en la producción, sino en la distribución; y que casi siempre las hambrunas coincidían con los países con regímenes totalitarios en donde el Estado es el máximo rector de la economía.
Otros que resultaron estar totalmente equivocados son los que señalaban a los biocombustibles como los principales culpables de los altos precios y anunciaban catástrofes de magnitudes inimaginables si los proyectos de biocombustibles no se suspendían de manera inmediata. Resulta que en Estados Unidos la producción de etanol está aumentando a tasas del 47% anual, mientras que el precio del maíz ha bajado un 19%. En el Brasil la producción de etanol ha crecido en un 14,5%, sin afectar los precios del azúcar.
En el caso del biodiésel, principalmente a partir de la soya, la producción a nivel mundial ha aumentado en un 20% anual. Sin embargo, el precio de la soya ha disminuido en un 11%. Los biocombustibles, que ocupan menos del 1,5% del área agrícola, ni han sido, ni serán culpables de los altos precios, ni de las hambrunas. Afirmar lo contrario, más que un desacierto, es una estupidez.
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Mauricio Botero Caicedo
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Este es un amigo de que las tierras fertiles se destinen a alimentar los carros de Miami y no los niños de Colombia. Estadística que sube: 15.000 niños murieron de enfermedades asociadas al hambre en el último año en Colombia. Más que las personas que mataron los paramilitares, las Farc, y el estado en el mismo año. Una política agraria así, hecha en beneficio de la mafia y de los terratenientes, no es una política homicida?
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