Opinión |28 Mar 2009 - 8:00 pm
Sin capital no hay paraíso
Por: Mauricio Botero Caicedo
KARL MARX DENOMINÓ AL SISTEMA de libre empresa, capitalismo, precisamente porque el ingrediente principal del crecimiento económico es el capital.
La miseria no es consecuencia del capitalismo, como erróneamente lo proclama hoy el vulgo marxista, sino la ausencia de capital acumulado. El capitalismo, como lo señaló Andrew Carnegie, busca convertir los lujos en necesidades. El comunismo logra es lo contrario: convierte las necesidades en lujos.
Como hasta la saciedad lo ha demostrado Chávez, los recursos naturales no hacen ricos a los países. Tampoco la riqueza necesariamente está relacionada con el nivel de educación de su población, como lo ha puesto en evidencia Castro en Cuba, ni mucho menos por su capacidad bélica, como asume Kim il Sung II, en Corea del Norte. Los países son ricos o pobres a medida que incentiven o no la creación de capital.
Sorprendentemente, para muchos el capital se limita a los billetes que los capitalistas guardan en las arcas de los bancos. En realidad el capital es mucho más que esto: son los bienes físicos como las máquinas, las herramientas, las fábricas, las edificaciones, la infraestructura; e intangibles como el know-how tecnológico. Los aviones, los camiones, los tractores, los aeropuertos, las vías, los computadores, los celulares hacen parte del stock de capital acumulado de una nación. Capital también es el humano, los conocimientos y las habilidades de la población y de la fuerza de trabajo. La educación y el entrenamiento son la piedra angular en la formación del capital humano. Capital es igualmente la investigación y el desarrollo que conlleven a incrementar la productividad. Capital son los inventarios y materias primas que se transforman en bienes y servicios a través del tiempo. Capital son, igualmente, los recursos de crédito e inversión que le permiten a la sociedad, tanto a los empresarios como al Estado, invertir en proyectos que generen empleo, originen bienestar, desarrollen la infraestructura y cimienten la acumulación del capital.
Algunos países tienen ciertos tipos de capital en abundancia, pero cuando el esquema político e institucional no les permite el desarrollo de dicho capital, para todo efecto, es capital muerto. Cuba tiene una de las poblaciones mejor educadas del mundo, pero cuando la única alternativa de un neurocirujano para sobrevivir es vender empanadas en el malecón, el capital humano está totalmente desperdiciado. En Corea del Norte hay hambrunas porque la comida se siembra y se cosecha a mano. No es que los coreanos del norte desconozcan que hay sembradoras y combinadas: es que no tienen el capital para adquirir dicha maquinaria. Y Corea del Norte no tiene el capital porque nadie es tan estúpido de proporcionar recursos si no hay una certeza importante de poder recuperarlo.
En Colombia, en los últimos siete años, se ha incentivado la formación de capital, tanto físico como humano. Las políticas del presidente Uribe, en especial aquellas de seguridad democrática y estabilidad macroeconómica, han dado frutos mucho más allá de las expectativas originales. Colombia pasó de ser en 2002 un país derrotado y con pocas perspectivas, a ser una de las economías más sólidas del continente. Los niveles de inversión en los últimos seis años son, de lejos, los mayores en la historia reciente. Esta confianza tiene nombre y apellido.
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Apostilla: La desaparición de Javier Fernández Riva es una enorme pérdida para el país. Crítico agudo e imparcial de los acontecimientos económicos, Fernández Riva, al igual que este columnista, fue uno de los pocos observadores que le advirtieron al país sobre las barbaridades que el Banco de la República estaba haciendo con las tasas de interés entre 1998 y 1999. Que haya paz en su tumba.
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