Opinión| 26 Sep 2008 - 9:06 pm
Ciudades de batalla
Por: Mauricio García Villegas
Emile Durkheim creyó haber encontrado —hace más de cien años— un indicio de ese temperamento cuando sostuvo que una sociedad se podía identificar por el tipo de reglas que cumple. Dime cuáles son las reglas que obedecen —decía— y te diré quiénes son. Siguiendo ese idea, creo que lo más indicado para llevar a cabo ese experimento es acudir a las reglas de tránsito; después de todo, no hay en la ciudad un territorio en donde se produzcan tantas interrelaciones sociales, de manera tan constante y durante tanto tiempo como en las vías públicas.
En la calle se aprecian algunos de los rasgos esenciales de una ciudad: la solidaridad o el egoísmo, la mayor o menor cohesión social, el grado de legitimidad que tiene la autoridad, los mecanismos para resolver conflictos, la importancia que tiene la tolerancia o la violencia, etc. Pero lo más importante es que allí, en la calle, se sabe cuál es el mayor o menor valor que la gente le otorga a lo público en relación con sus intereses privados.
En una ciudad como Bogotá ese peso relativo de lo público, en comparación con lo privado, es muy pequeño. Cuando un individuo sale a la calle, más que ingresar a un verdadero espacio público, lo que hace es internarse en un territorio librado a la competencia, a la apropiación y no pocas veces a la confrontación. Las calles son como campos de batalla en donde la gente se estrella, y a veces se mata, por ganar unos cuantos centímetros.
No es que en Bogotá o en Barranquilla la gente no cumpla reglas; es que cumple otras distintas a las que señala el tránsito, o cumple una mezcla difusa entre reglas de tránsito y otras reglas. Esas otras son las de “viveza criolla”, aquellas que mandan “no dar papaya”, “no dejarse tumbar” o “llegar primero”. Esto explica que un buen consejo para manejar en Bogotá sea “estar más pendiente de lo que hacen los demás que de lo que dicen las reglas”. Mientras en Estocolmo o en Ginebra los conductores siguen las reglas de tránsito y son casi indiferentes a lo que hacen los demás, en Bogotá pasa lo contrario: miran a los otros conductores y son casi indiferentes frente a las reglas. Aquí, el comportamiento individual es táctico, momentáneo y variable; allá es rutinario, colectivo y uniforme.
Lo triste de esa actitud aparentemente astuta y egoísta que consiste en seguir su propio instinto para llegar primero, es que, como todos hacen lo mismo, se obstaculizan los unos a los otros y todos terminan llegando más tarde de lo que hubieran llegado en el evento de haber seguido las normas de manera puntual y ordenada. La nuestra es una viveza majadera. Por eso, como los necios, aprendemos a las patadas, o a los estrellones.
Guillermo O’Donnell sostuvo alguna vez que la clave de las deficiencias democráticas y ciudadanas del régimen político argentino, tales como el individualismo y la falta de respeto por las instituciones, podía encontrarse en la manera como los conductores se comportan en las calles de Buenos Aires. Pienso que lo mismo puede decirse de Colombia, con la salvedad de que lo contrario también es verdad: nuestros defectos ciudadanos son también un reflejo de los vicios de nuestro régimen político.
* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de DeJuSticia
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Mauricio García Villegas
Opiniones
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Excelente artículo. En relación con el incumplimiento de reglas creo que en Colombia eso se debe, entre otras muchas razones, a una cultura "patafisica"...: porque lo vemos y nos gusta solemos convertir la excepción en regla y la regla en excepción.
Opinión por:
universitario.profesor
27 Septiembre 2008 - 10:18pm
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Brillante artículo.
Nuestra querida BOGOTÁ sufre una serie de enfermedades originadas de diferentes fuentes pero anotemos algunas: una cultura agreste de "yo no me dejo" , demasiados vehículos para rodar armónico , el alto costo de los autos , combustibles , parqueos , seguros , los delincuentes q hacen q estemos pendientes del espejo , del raponazo , del panórámico , de las puertas con seguro , de ser seguido o perseguido , una policía inútil q solo sirve para elaborar partes como si fuera una peste:policía partera , los jóvenes conductores q entre eses van cerrando y compitiendo con todos , los vehículos de la policia , de los escoltas , de los diplomáticos q violan hasta los principios mínimos , la baja velocidad de rodamiento real , EL PICO Y PLACA inútil q acabó con la tranquilidad de los conductores!!
La última frase de la columna es una excelente conclusión.
Muy cierto, y más que todo en este gobierno con alvaro uribe vélez el lema que gobierna es el fin justifica los medios y con eso desemboca en que no hay nada malo, lo único es que no se deje pillar y si lo pillan, niegue todo y cree cortinas de humo para distraer la atención sobre lo que si es grave; ah... y diga toda clase de mentiras de los oponentes y utilice la religión para difrazar sus verdaderas intenciones, con frasesitas y miraditas de yo no fui, que eso derrite a la gente buena, sobre todo a las señoras.
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