Opinión |28 Feb 2009 - 11:00 pm
Irresponsabilidad sexual
Por: Miguel Gómez Martínez
EN ESTE PAÍS LOS MEDIOS FIJAN LA agenda nacional. Esta semana no hubo espacio sino para las interceptaciones ilegales del DAS.
Pasaron inadvertidas dos noticias importantes. La primera es la publicación por la revista científica The Lancet, de un informe sobre los abortos ilegales en Colombia. La segunda son las declaraciones del representante Simón Gaviria relacionadas con el escandaloso aumento de los embarazos en las menores de edad en Bogotá.
Según The Lancet, siguen presentándose abortos clandestinos en Colombia, pues “sólo” se han practicado 3.000 abortos legales en el país desde el año 2006. El Ministerio de la Protección Social afirma que la cifra es de 201 abortos en el país, de los cuales 177 han sido realizados en Bogotá. La Secretaría de Salud tampoco acepta esta cifra, pues señala que en la capital se han practicado 219 abortos. A este desorden estadístico oficial se suman los abortistas que, con impecable precisión, mencionan cifras de abortos clandestinos que oscilan entre 150.000 y 400.000 al año.
Como era de esperarse, los partidarios del aborto están decepcionados por las bajas cifras reportadas y señalan responsables. Es la culpa de los médicos que se rehúsan a practicar el aborto, de los hospitales que no quieren asumir los costos, del Gobierno porque no promueve la información sobre las “ventajas” del aborto, del ICBF que prefiere la política de adopción, de la Procuraduría que no empapela a los médicos en los hospitales públicos, de la Defensoría del Pueblo que no defiende a las mujeres, de la Iglesia Católica, los protestantes, los judíos y los musulmanes que predican contra el aborto etc.
Es culpa de todos excepto de las parejas que practican una sexualidad irresponsable. Porque en esta sociedad donde sólo se habla de derechos se olvida que primero vienen las responsabilidades. El representante Gaviria ha señalado las alarmantes cifras sobre embarazos de menores de edad en la capital. Digamos la verdad y seamos serios. Las jóvenes generaciones han recibido el mayor esfuerzo en materia de educación sexual. En los colegios —públicos y privados— la clase de orientación sexual es obligatoria. Ninguna cohorte generacional en nuestra historia ha estado más informada sobre los riesgos que derivan de una sexualidad irresponsable que la actual. Cuentan con acceso a medios contraceptivos, a abundante y detallada información sobre todos los aspectos de la vida sexual. Tienen más libertad sexual que ninguna otra generación. Lo que no tienen es responsabilidad.
Me opongo al aborto por razones morales. No creo que el niño concebido por una pareja irresponsable deba pagar con su vida ese error. Pienso que en esta sociedad, donde la vida no tiene ningún valor, el aborto no es sino una muestra más de violencia contra los inocentes. Tampoco acepto que los parámetros éticos y morales de las sociedades “avanzadas” sean siempre superiores y dignos de admiración. No creo que sea una señal de progreso de una sociedad que sus ciudadanos puedan ser sexualmente inmaduros sin tener que asumir las consecuencias de sus actos.
El aborto no es sino una salida cómoda para aquellos que quieren ejercer irresponsablemente su sexualidad.
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