Por: Salomón Kalmanovitz

Las finanzas de Palmira (y la polución)

LA REGIÓN VALLUNA VIENE PERDIENdo peso en la economía nacional. Cali ha sufrido un deterioro de su administración y sus negocios se han visto afectados por la corrupción pública y la creada por el narcotráfico. Una ciudad satélite de la “Capital del cielo”, como lo es Palmira, ha sido jalada hacia abajo por lo que sucede en su entorno.

Palmira está rodeada de 40.000 hectáreas sembradas de caña de azúcar, de las cuales 7.000 pertenecen al Ingenio Manuelita y el resto la toma en arriendo. El negocio del azúcar tuvo un comportamiento mediocre durante la última década, afectado por la revaluación del peso, pero se ha dinamizado con el papel que ha entrado a desempeñar como productor de etanol que se mezcla con la gasolina, pero que no es tasado con ella. Ello ha deteriorado el ingreso que reciben todos los municipios donde se hace la mezcla por concepto de la sobretasa a la gasolina, incluyendo Palmira.

Los palmireños pagan $172.000 en impuestos locales y reciben $223.000 por transferencias de la Nación, lo que equivale a una dependencia del 56% de sus ingresos totales. En comparación, Bogotá tiene una dependencia del 30% del fisco nacional. En parte, la explicación por la diferencia surge de que el ingreso de un bogotano es 27% superior al de un valluno, pero paga casi un 100% más de impuestos locales. Esta es una medida de pereza fiscal que tiene también que ver con el desgreño administrativo del municipio.

Los gastos de Palmira entre 2000 y 2007 se han ido prácticamente en funcionamiento, con sólo el 10% destinado a inversión. La última vez que utilizó la valorización fue en 1998. Los ciudadanos deben pensar que los impuestos que contribuyen los desperdician o se los roban, lo cual no es excusa para pagarlos y con sus recibos en mano actuar en contra de la politiquería.

Pero otros ingresos de Palmira también se han deteriorado, especialmente el predial. Éste fue mayor en 1997 de lo que es en la actualidad en términos reales y genera la anomalía de que los impuestos indirectos ICA los que recaen sobre industria y comercio son mayores y reflejan mejor la dinámica de la economía. El recaudo de este impuesto lo hace la DIAN junto con el IVA, y no es, por tanto, mérito de la administración local.

Descompuesto el predial entre urbano y rural, resulta que es este último el que ha tenido un significativo retroceso. ¿Será que cayeron los valores de la tierra calidad triple A que caracteriza el valle del río Cauca? Y lo que asegura Asocaña es que el sector ha aumentado fuertemente su productividad, pero eso no se refleja en los impuestos que pagan los propietarios de la tierra al fisco de la ciudad que los cobija.

Palmira vive de la economía azucarera, pero ésta parece no contribuir suficiente para que los ciudadanos tengan una mejor calidad en los bienes públicos que les ofrece su gobierno local y hace poco por limpiar su política. Algo más preocupante es el hallazgo de un estudio de Eleanora Dávalos, de la Universidad de los Andes, que midió el impacto de las quemas de los plantíos de caña antes de la cosecha sobre la calidad del aire en Palmira y la de éste sobre la salud de sus habitantes. El estudio focaliza en las consultas por enfermedades respiratorias agudas que encuentra más frecuentes en el grupo de infantes y de mayores de 60 años durante el período de quemas y en verano.

La conclusión del riguroso estudio es inequívoca: la quema de los cañaverales aumenta considerablemente la productividad del corte, pero crea una “externalidad amarga” (es el título del estudio publicado en Desarrollo y Sociedad) para la salud de los niños y los viejos de Palmira.

*Decano Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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